Reflexiones de Ernesto Sábato sobre la creación literaria y sus fantasmas
Tipo de la tarea: Ensayo
Añadido: ayer a las 6:19
Resumen:
Descubre las reflexiones de Ernesto Sábato sobre la creación literaria y sus fantasmas para entender mejor el proceso artístico y sus desafíos internos.
El escritor y sus fantasmas: Una meditación sobre la creación literaria según Ernesto Sábato
Introducción
Ernesto Sábato, figura central de la literatura argentina del siglo XX, dejó una huella indeleble no solo por sus novelas, sino también por su pensamiento agudo sobre el hecho literario y el papel del escritor en la sociedad. Nacido en 1911, Sábato fue físico en sus primeros años —formado en la Universidad de La Plata—, pero pronto renunció al mundo de la ciencia en busca de respuestas más profundas, aquellas que la razón no lograba darle. Esta tensión entre ciencia y literatura, entre objetividad y subjetividad, se convierte en el eje de muchas de sus reflexiones.*El escritor y sus fantasmas* es una obra que destaca entre los ensayos literarios en lengua española. En ella, Sábato despliega un mosaico de pequeñas piezas en las que se interrogan los motivos de la creación, los demonios de la subjetividad y las paradojas del artista enfrentado a una realidad que constantemente amenaza con despojarle de su misterio. El título de la obra —los “fantasmas”— es una poderosa metáfora del universo interior que acompaña y persigue al escritor: miedos, obsesiones, preguntas filosóficas y emociones intensas.
El propósito de este ensayo es analizar las preocupaciones fundamentales de Sábato tal y como emergen en este libro, abordando aspectos literarios, filosóficos y sociales. Asimismo, se pretende mostrar la convivencia en la obra entre razón y emociones, objetividad e introspección. En última instancia, defenderé que *El escritor y sus fantasmas* constituye una profunda reivindicación de la subjetividad artística frente al positivismo y la deshumanización contemporánea, estableciéndose como una meditación indispensable para quienes desean comprender el acto de crear.
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I. Una obra fragmentaria y cercana
Sábato construye *El escritor y sus fantasmas* a partir de breves ensayos o variaciones, una estructura que resulta sumamente eficaz para el propósito que se ha propuesto. Al optar por capítulos cortos, casi aforísticos en ocasiones, el autor permite que cada pensamiento conserve su independencia y, al mismo tiempo, dialogue con el conjunto. No es casual que el libro evoque el tono de una conversación o de un monólogo interior, como si estuviéramos presentes en la mente del propio escritor.Esta forma fragmentaria recuerda —salvando distancias— a las *Meditaciones del Quijote* de Ortega y Gasset, donde cada reflexión abre un espacio para la duda y el matiz. La composición favorece, por tanto, una lectura plural: en vez de un ensayo sistemático, Sábato nos invita a recorrer un laberinto de inquietudes. Por otra parte, esta estructura parece hacerse eco de la modernidad tardía, donde la certeza absoluta es sustituida por las medias verdades y los interrogantes.
El eje vertebrador es siempre el mismo: ¿Por qué escribe el escritor? ¿Para qué sirve la novela? Sin embargo, la riqueza del texto reside en la multiplicidad de perspectivas desde las que Sábato aborda estas cuestiones: desde lo existencial, lo sociológico, lo estético o lo puramente íntimo. La voz del autor, reflexiva y a ratos confesional, se convierte en la guía que acompaña al lector, sin poseer nunca la última palabra. Los aforismos y sentencias —como ocurre a menudo en la tradición hispánica, y recordando a Unamuno o Machado— funcionan como semillas que germinan en la mente de quien lee, invitándole a continuar la reflexión por su cuenta.
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II. Poética y pensamiento literario: la defensa de la subjetividad
Uno de los puntos capitales en *El escritor y sus fantasmas* es la visión del escritor como alguien radicalmente imperfecto, marcado inexorablemente por su condición humana. No se trata de un demiurgo, sino de un ser falible, acosado por incertidumbres y urgido de expresar su mundo interior. La novela —según Sábato— es la forma más adecuada para este cometido porque permite explorar el entramado de la personalidad y los abismos internos que otras formas de narración cubren de manera superficial.A medio camino entre la estética y la filosofía, Sábato rechaza abiertamente una visión científica y objetiva de la literatura. Si bien reconoce el valor de la razón, denuncia los riesgos de un excesivo racionalismo que anule la complejidad del alma humana. Así cristaliza la gran dualidad de la obra: arte contra ciencia, emoción frente a razón, realidad exterior frente a fantasía interna. En este sentido, la novela se opone al ensayo positivista y a la crónica pura; representa un territorio donde el alba y la noche coexisten, donde soñar es legítimo y necesario.
Esta postura conecta a Sábato con el Romanticismo, del que toma la desconfianza hacia la razón pura y la exaltación de la interioridad. También hay resonancias con el existencialismo y el surrealismo: la obra dialoga con Kafka, Camus, Joyce e incluso con la literatura nacional argentina —especialmente Borges—, todos ellos citados o aludidos por el propio autor. El escritor, en su aislamiento, deviene en testigo y cronista de su tiempo, pero también de sus propios fantasmas.
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III. Filosofía y literatura: una alianza fecunda
Sábato fue un pensador profundamente atento a las corrientes filosóficas, y en *El escritor y sus fantasmas* ese legado es evidente. No se limita a teorizar sobre la novela; utiliza la literatura como un laboratorio para pensar los grandes temas de la existencia. Se siente deudor de Sócrates —la pregunta como método—, de Kant y su interrogación sobre los límites del conocimiento, de Nietzsche en su actitud desafiante frente a los valores tradicionales, de Heidegger en la obsesión por el Ser, y de Marx en la crítica a la sociedad moderna.El existencialismo atraviesa constantemente las páginas de la obra: angustia, libertad, responsabilidad vital. Pero también la fenomenología se filtra, con su atención a la vivencia subjetiva, a cómo cada individuo experimenta el mundo. Por último, la crítica social de raíz marxista se plasma en el señalamiento a las estructuras alienantes de la modernidad burguesa y tecnocrática.
La literatura, para Sábato, es el vehículo privilegiado para dialogar con estos pensamientos. La novela surge como un espacio donde ciencia y filosofía se fusionan con la emoción, trascendiendo los límites de cada una. A través de sentencias de intensa carga reflexiva —muchas de las cuales parecen desafiar al lector a pensar más allá del texto— la obra no da respuestas unívocas, sino que multiplica las interpretaciones.
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IV. La crítica a la modernidad y el compromiso del escritor
Uno de los aspectos más polémicos y vigentes del libro es la feroz crítica que Sábato lanza sobre la sociedad contemporánea. Denuncia el auge del positivismo, la tecnificación de la vida y el riesgo de una razón instrumental que reduce al hombre a mera pieza de un engranaje productivo. La deshumanización avanza en paralelo a la pérdida de la creatividad: cuanto más se orienta la sociedad al cálculo, menos espacio queda para la duda, el diálogo interior y la pasión artística.Este discurso conectó en España especialmente a partir de los años sesenta y setenta, en pleno debate entre tradición humanista y modernización: los jóvenes lectores de Sábato hallaron en él un eco de las preocupaciones de autores como Cela, Delibes o incluso los poetas de la Generación del 50, que ya alertaban sobre los peligros de una sociedad alienada y funcionalista.
La novela, en este contexto, se convierte en un acto de resistencia frente a la banalidad. Lejos de ser mero entretenimiento, es una forma radical de enfrentarse a los dictados de la época. El escritor, así, asume una responsabilidad ética: no puede ceder ante la superficialidad o el conformismo, sino que debe habitar su lugar incómodo, interpelar a la sociedad y salvar —al menos a través de la palabra— la dignidad del ser humano.
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V. El sentido último de la escritura
Al final de su reflexión, Sábato concluye que escribir no es un lujo ni un pasatiempo inofensivo: es una manifestación imperiosa de la condición humana. Escribimos porque somos imperfectos, porque estamos limitados y encarnados, necesitados de sentido. La novela, con su capacidad de explorar los matices de la experiencia, se convierte así en un refugio frente a la angustia, en un acto metafísico con capacidad terapéutica.La creación literaria no es solo una forma de comprender el mundo, sino de soportarlo. Frente a una sociedad que privilegia lo útil y medible, el arte aparece como experiencia vital inaplazable. En este sentido, Sábato recoge la herencia de grandes pensadores de la tradición española, como Unamuno o incluso Ortega, que entendían la literatura como una forma privilegiada de acceder a las profundidades del alma humana.
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Conclusión
*El escritor y sus fantasmas* es una obra singular dentro del ensayo literario hispánico: fragmentaria en la forma, radical en el fondo, y profundamente humana en sus interrogantes. El pensamiento de Ernesto Sábato —que desafía la supremacía de la razón, denuncia la deshumanización y solicita al arte una función irrenunciable— mantiene hoy una impresionante vigencia.Para el estudiante de hoy en España, el reto de Sábato es evidente: aceptar los fantasmas propios como motores de reflexión y creación, o ceder ante la tentación de la superficialidad. La obra nos invita a no renunciar al territorio incierto de la subjetividad, a reivindicar la literatura como defensa última frente a la despersonalización.
A modo de invitación final, propongo rescatar a Sábato no como un pensador lejano, sino como un interlocutor necesario en un tiempo que sigue necesitando, más que nunca, de la profundidad, la duda y el poder redentor de la palabra.
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