Ensayo

Análisis de la literatura española medieval y renacentista

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Tipo de la tarea: Ensayo

Análisis de la literatura española medieval y renacentista

Resumen:

Recorrido por la literatura española medieval y renacentista: evolución, autores clave y consolidación del castellano como lengua literaria.

Literatura española medieval y renacentista

I. Introducción

La literatura española medieval y renacentista constituye uno de los pilares más relevantes de la tradición cultural de nuestro país, representando el proceso mediante el cual el castellano se consolidó como lengua literaria y vehículo de la identidad social y artística peninsular. Durante los siglos X al XV, España vivió intensos cambios históricos y culturales: la fragmentación y posterior unificación política, la confrontación y convivencia entre distintas culturas —cristiana, judía y musulmana— y, finalmente, la llegada del impulso humanista propio del Renacimiento. Este periodo, comprendido desde las primeras manifestaciones escritas en lengua romance hasta la transición hacia la nueva mentalidad renacentista, es fundamental para comprender tanto la literatura posterior como la propia formación del imaginario español.

El presente ensayo analizará de forma exhaustiva la evolución de la literatura española, desde los textos más antiguos —glosas y jarchas— hasta las obras clave del siglo XV, con especial atención a los géneros más representativos, los autores fundamentales y las principales características estilísticas y temáticas. Además, se abordará la influencia de factores históricos y sociales, contextualizando la creación y circulación de los textos literarios. La estructura del trabajo divide el análisis en dos grandes bloques: primero, la literatura medieval (siglos X a XIV); segundo, el periodo de transición al Renacimiento durante el siglo XV, destacando la eclosión de nuevos valores artísticos y humanistas.

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II. Literatura Medieval (siglos X a XIV)

A. Orígenes y primeras manifestaciones literarias (siglos X-XI)

La historia de la literatura española se inicia con pequeños textos que marcan la transición del latín a las lenguas romances. Las glosas suponen el testimonio más antiguo de la lengua castellana: breves anotaciones marginales —en ocasiones traducciones burdas, en otras, meras aclaraciones— insertadas en códices latinos por monjes que buscaban comprender mejor los textos religiosos. Entre ellas destacan las glosas emilianenses, halladas en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y las silenses, provenientes de Silos. La importancia de estas glosas es fundamental, pues dan testimonio de una lengua incipiente, que empieza a desligarse del latín para adquirir autonomía gramatical y léxica. En términos lingüísticos, representan el “albor” del castellano.

Por su parte, las jarchas —breves composiciones líricas insertadas en las moaxajas árabes o hebreas— se convierten en los primeros ejemplos de lírica en lengua romance peninsular. Escritas en caracteres árabes y en boca casi siempre de una voz femenina, las jarchas exploran temas de amor, deseo y sufrimiento. Estas obras revelan la riqueza de la literatura popular y la influencia de la convivencia entre las culturas musulmana, cristiana y judía, constituyendo la raíz de la lírica peninsular posterior.

B. Mester de Juglaría (siglo XII)

El mester de juglaría supone el florecimiento de la literatura de tradición oral. Los juglares, “profesionales del entretenimiento”, recorrían villas y cortes cantando relatos épicos e históricos acompañados de música, gesticulación y ocasionales hazañas circenses. La métrica de estos textos era variable —de 10 a 20 sílabas— con una cesura central que facilitaba la memorización y recitación. Los cantares de gesta constituían el género más representativo: poemas épicos donde se narraban las gestas de héroes nacionales, y cuyo fin era tanto entretener como transmitir valores de la época.

El *Cantar de Mio Cid* es el mayor ejemplo: considerado el primer gran texto literario conservado en castellano, recrea las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, exponiendo sus destierros, victorias y azares. Estructurado en tres “cantares” (destierro, bodas, y afrenta de Corpes), su estilo es directo, con abundantes marcas de oralidad y fórmulas dirigidas al auditorio (“de lo que oyó fablar...”). Otros cantares, como *Los siete infantes de Lara* o el de *Sancho II de Castilla*, completan un mosaico heroico donde la historia se mezcla con la leyenda.

C. Orígenes del teatro

El germen inicial del teatro español lo encontramos en las representaciones religiosas dentro de las iglesias, nacidas con la intención de dramatizar episodios bíblicos y facilitar el acceso de los fieles a las enseñanzas e historias sagradas. El *Auto de los Reyes Magos*, datado hacia finales del siglo XII o comienzos del XIII, constituye el primer texto dramático en castellano que se ha conservado. Su estilo es todavía rudimentario, escrito en verso y con una estructura sencilla, pero resulta decisivo para el desarrollo posterior del teatro profano y religioso durante los siglos venideros.

D. Mester de Clerecía (siglos XIII y XIV)

Frente al espontaneísmo y la oralidad juglaresca surge, durante los siglos XIII y XIV, el mester de clerecía: un movimiento literario promovido por autores cultos —en su mayoría clérigos— que aspiraban a dignificar la lengua romance y transmitir saberes elevados (religiosos e históricos) a un público amplio. La cuaderna vía, estrofa de cuatro versos alejandrinos (14 sílabas, con cesura central y rima consonante monorrima), se convierte en la marca distintiva de este mester.

Gonzalo de Berceo es el representante más ilustre, con obras como *Vida de Santo Domingo de Silos*, *Milagros de Nuestra Señora* o *Duelo de la Virgen*. Su escritura busca la claridad, la intención didáctica y un lenguaje accesible que él mismo definió como “juglaría a lo divino”; es decir, llevar los temas religiosos al formato que el pueblo podía entender, aprovechando los recursos de la narración oral. Junto a Berceo, destacan otros textos como el *Libro de Alexandre*, el *Libro de Apolonio*, y, ya a mediados del siglo XIV, la producción del Arcipreste de Hita y el Canciller Ayala, que adaptan los moldes clericales a nuevas temáticas y sensibilidades.

E. Alfonso X el Sabio y la renovación cultural

El rey Alfonso X el Sabio (1221–1284) representa una auténtica revolución cultural. Defensor del castellano como lengua oficial de cultura y administración, Alfonso impulsó la creación y traducción de obras científicas, históricas y literarias con la ayuda de la Escuela de Traductores de Toledo. Bajo su mecenazgo se produjeron textos tan diversos como el *Libro del Saber de Astronomía*, el *Libro de Ajedrez, dados y tablas*, y las *Siete Partidas*, obra jurídica fundamental. En el ámbito histórico destacan la *Crónica General* y la *General Estoria*, donde se sistematiza la historia de España e incluso del mundo conocido. Esta labor sentó las bases para la posterior institucionalización del castellano como idioma oficial, situándolo al nivel del latín.

No debe olvidarse la importancia de la lírica galaico-portuguesa, especialmente de las *Cantigas de Santa María*, colecciones de poemas escritos en gallego-portugués pero impulsados desde la corte castellana. Se distinguen tres tipos de cantigas: de amor (generalmente cortesanas y formales), de amigo (de raíz popular, en voz femenina, sobre amores y desencuentros) y de escarnio o maldecir (satíricas). El uso del gallego-portugués resalta el carácter multilingüe de la península y la estima que se tenía por esta lengua en la lírica.

F. Siglo XIV: continuidad y renovación

En pleno siglo XIV se percibe la persistencia y transformación del mester de clerecía. El Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, compone el *Libro de buen amor*, obra central del siglo, que mezcla relato narrativo, poesía lírica y fábulas, todo ello con un fuerte tono autobiográfico y burlesco. El tema principal es el amor, pero interpretado desde una visión ambigua, enfrentando el “buen amor” (espiritual, divino) con el “loco amor” (deseo carnal y pasión). La obra evidencia un profundo conocimiento de la sociedad de la época y una actitud vitalista, irónica y reflexiva.

El Canciller Ayala, por su parte, destaca en la literatura moralista y política con obras como el *Rimado de Palacio*, donde expone, en tono crítico, la corrupción, la inestabilidad social y las contradicciones propias de la España tardomedieval. Paralelamente, Don Juan Manuel, noble y hombre de estado, marca el desarrollo de la prosa. Su obra más relevante, *El Conde Lucanor o Libro de Patronio*, consiste en una colección de relatos breves (enxiemplos) donde, a modo de diálogo didáctico entre el conde y su consejero, cada historia concluye con una moraleja en forma de pareado. Don Juan Manuel utilizó conscientemente el castellano, no como simple vehículo de traducción sino como lengua culta y expresiva, y gracias a su obra, la prosa castellana alcanzó una madurez y precisión sin precedentes.

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III. Literatura del Siglo XV: transición de la Edad Media al Renacimiento

A. Contexto histórico

El siglo XV supone la transición entre dos mundos: el medieval y el moderno. Bajo el reinado de los Reyes Católicos y en un contexto marcado por la reconquista de Granada, la expulsión de judíos y musulmanes, la invención de la imprenta, el descubrimiento de América y la publicación de la *Gramática Castellana* de Antonio de Nebrija (1492), se sientan las bases para una creación literaria más humanista y cosmopolita. La difusión de textos impresos favorece la expansión y democratización de la lectura.

B. Poesía

La poesía experimenta una extraordinaria diversidad y riqueza. Por un lado, tenemos la poesía culta, fuertemente influida por modelos provenzales e italianos, y por otro, la poesía popular, que sigue manteniendo hondas raíces en la tradición oral.

La poesía culta del siglo XV exalta el amor cortés: un amor inalcanzable y doloroso en el que el enamorado sufre la indiferencia o rechazo de una dama idealizada. Se emplean tanto versos de arte menor (octosílabos) como arte mayor (versos de 11 sílabas o más), explorando recursos formales cada vez más complejos. El Marqués de Santillana, con sus obras *Infierno de los enamorados* y *Comedieta de Ponza*, o Juan de Mena con su *Laberinto de Fortuna*, muestran una evidente preocupación por la erudición, los símbolos y la búsqueda de una lírica elevada. Pero quizá la obra más emblemática de la época sean las *Coplas por la muerte de su padre*, de Jorge Manrique, donde el poeta, a través de la copla de pie quebrado, medita sobre la fugacidad de la vida y la inmortalidad de la virtud, logrando un equilibrio perfecto entre emoción, forma y reflexión.

Junto a esta poesía culta, la lírica popular mantiene su fuerza gracias a villancicos, zéjeles y, sobre todo, el romancero. El romance, compuesto por largos poemas de versos octosílabos con rima en los versos pares, recoge narraciones épicas, historias fronterizas, temas de la literatura francesa (Tablas Redonda) y hasta evocaciones amorosas y cotidianas. El romancero viejo, de transmisión oral y autor anónimo, se diferencia del romancero nuevo, donde autores como Lope de Vega o Quevedo adaptaron y renovaron la tradición. El romance, en definitiva, se convierte en el cauce perfecto para la fusión de lo culto y lo popular, y su influencia sigue siendo palpable en la literatura española contemporánea.

C. La Celestina: punto de inflexión literario

La aparición de *La Celestina* en 1499 marca un hito: considerada tanto una brillante culminación de la literatura medieval como el punto de partida del Renacimiento literario español. Publicada inicialmente como *Comedia de Calisto y Melibea*, la versión definitiva, *Tragicomedia de Calisto y Melibea* (1502), fue obra de Fernando de Rojas, un jurista de ascendencia judía y alcalde de Talavera de la Reina. A través de un largo diálogo, la obra presenta la historia de amor pasional entre Calisto y Melibea, manipulados por la vieja alcahueta Celestina y rodeados de personajes de muy distinta extracción social.

Lo innovador de *La Celestina* reside en su profundidad psicológica, la complejidad de los personajes, la ausencia de un mensaje moralizante único y la riqueza del lenguaje. Es una obra dialogada para leer más que para representar, cuyo estilo se inspira en la comedia humanística italiana. El retrato de Celestina —maestra en el arte de la manipulación y la supervivencia— contrasta con la ingenuidad de los amantes y con la diversidad social de los criados y lacayos, acercando la literatura a una nueva sensibilidad: realismo, humanismo y preocupación por el individuo. La mezcla de clases sociales, así como la superación de los tópicos medievales del amor, anticipan la pluralidad, complejidad e individualismo del Renacimiento.

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IV. Conclusión

En síntesis, la literatura española medieval y su transición al Renacimiento representan un periodo de transformación, en el que la lengua castellana se asienta como instrumento privilegiado de comunicación y creación artística. Desde las primeras glosas y jarchas, pasando por los grandes poemas épicos, la lírica religiosa y culta, la prosa didáctica y los relatos morales, hasta la innovación dramática y novelesca del siglo XV, cada etapa aportó nuevos géneros, formas y temáticas que enriquecerían todo el horizonte literario posterior.

Gracias al impulso de figuras como Gonzalo de Berceo, Alfonso X o Jorge Manrique, y a la vitalidad de la lírica popular y el romancero, la literatura española adquirió una identidad múltiple, capaz de integrar lo culto y lo popular, lo individual y lo colectivo, lo sagrado y lo profano. El papel central que jugó la literatura en la consolidación del castellano no solo contribuyó a unificar el territorio bajo una lengua común, sino que abrió el camino para el Siglo de Oro y la conformación de una tradición literaria de alcance universal.

Como posibles líneas para futuros estudios, resulta especialmente interesante analizar cómo los textos medievales y renacentistas han sido reinterpretados en épocas modernas, así como comparar la evolución de la literatura española con las de otros países europeos, especialmente en lo relativo a la asimilación e innovación de formas literarias y a la influencia mutua de tradiciones.

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Este recorrido por la literatura española medieval y renacentista nos permite entender no solo la evolución de un arte, sino la formación de una mentalidad colectiva y una lengua que aún hoy perviven en el corazón de la identidad cultural española.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuáles son las características de la literatura española medieval y renacentista?

La literatura española medieval y renacentista destaca por la consolidación del castellano, la convivencia de géneros religiosos y profanos y la influencia de factores históricos y sociales en sus temáticas y estilos.

¿Qué importancia tiene el mester de juglaría en la literatura española medieval y renacentista?

El mester de juglaría es fundamental como tradición oral, transmitiendo valores y relatos épicos como el Cantar de Mio Cid, y consolidando la narrativa popular en la Edad Media.

¿Cómo representó La Celestina un cambio en la literatura española medieval y renacentista?

La Celestina marcó la transición hacia el Renacimiento por su realismo, complejidad psicológica, ausencia de moraleja única y renovación del lenguaje y de los temas amorosos.

¿Qué papel jugó Alfonso X el Sabio en la literatura española medieval y renacentista?

Alfonso X promovió el castellano como lengua oficial, impulsó traducciones y obras científicas, históricas y literarias, estableciendo las bases del castellano como instrumento cultural.

¿En qué se diferencia la poesía culta y popular durante el periodo medieval y renacentista?

La poesía culta sigue modelos eruditos e italianizantes, mientras que la popular mantiene formas como romances y villancicos, reflejando temas cotidianos y una transmisión oral.

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