Ensayo

Literatura española del siglo XIX: crisis, ruptura y modernidad

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 22.01.2026 a las 21:25

Tipo de la tarea: Ensayo

Resumen:

Descubre cómo la literatura española del siglo XIX refleja crisis, ruptura y modernidad, y aprende sobre sus corrientes y autores clave para tus tareas escolar.

El siglo XIX literario español: Transformación, ruptura y modernidad

El siglo XIX en España se presenta como un periodo convulso, plagado de transformaciones profundas tanto en el plano político como cultural. Desde la eclosión de las Guerras Napoleónicas hasta la Restauración borbónica, el país vivió constantes sacudidas: el final del Antiguo Régimen, el surgimiento de ideologías liberales, la desamortización y la pérdida definitiva de las colonias. Estas transformaciones no fueron meros acontecimientos históricos, sino que impulsaron hondas crisis de identidad y reflexión social que la literatura absorbió y reinterpretó. A lo largo del siglo, la pluma literaria se convirtió en testigo, cronista y, a menudo, motor de cambio, canalizando inquietudes políticas, conflictos morales y ansias de modernidad. El presente ensayo busca analizar las principales corrientes literarias decimonónicas en España, sus rasgos temáticos y formales, y los autores que, con su obra, contribuyeron a forjar la identidad de la literatura nacional.

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1. Panorama inicial y legado ilustrado

Antes de sumergirse en el huracán romántico y la solidez realista, resulta imprescindible atender al poso que la Ilustración del siglo XVIII dejó en las letras españolas. El racionalismo y el afán didáctico siguieron presentes en el arranque decimonónico, aunque empezaran a resquebrajarse debido al ambiente de inestabilidad. Autores como Leandro Fernández de Moratín o Tomás de Iriarte—aunque formalmente pertenecientes al siglo anterior—fueron referente para los primeros escritores del XIX, que se debatían entre la fidelidad a las reglas y la necesidad de abrirse al sentimiento y la rebeldía. Esta tensión cultural fue el caldo de cultivo sobre el que germinarían los movimientos posteriores.

El siglo XIX literario puede dividirse en dos grandes etapas, separadas, aunque no estanques: el Romanticismo de la primera mitad, y el Realismo con su vertiente naturalista en el último tercio. La transición entre ambas, lejos de ser brusca, supuso una convivencia y dialogo fecundo, donde las preocupaciones existenciales, el individuo y la sociedad, lo irracional y lo objetivo, dialogaban sin cesar.

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2. Romanticismo español: ruptura, sentimiento y nación

Origen y contexto

El Romanticismo emerge en España como respuesta a un mundo percibido en crisis: la derrota en Trafalgar, la invasión napoleónica, el vaivén entre absolutismo y liberalismo, y la frustración de los proyectos ilustrados generaron en la juventud una sensación de desencanto y rebeldía. Si bien toma como modelos los hitos alemanes (Schiller, Goethe), franceses y británicos (Byron), el Romanticismo español adquiere pronto un tono propio, muy marcado por la nostalgia de un pasado glorioso y el paisaje nacional.

Rasgos característicos

A diferencia del corsé neoclásico, el Romanticismo reivindica la subjetividad extrema, la libertad absoluta ante normas y géneros, y el poder de la pasión. El yo, degradado durante el siglo anterior a la condición de engranaje social, se sitúa ahora en el centro de la creación. Aparecen temas como el amor imposible, la evasión mediante el sueño o la historia, la muerte y el destino trágico, y una intensa valoración de lo autóctono, como se aprecia en la constante recuperación de figuras legendarias y tópicos ancestrales. La literatura se convierte en un grito, a menudo desesperado, frente a la realidad.

Manifestaciones y autores esenciales

En la poesía, José de Espronceda plasma la rebeldía vital y el ansia de libertad en composiciones como *El estudiante de Salamanca* o *El diablo mundo*, donde el protagonista suele ser un antihéroe —outsider e inconformista— enfrentado al mundo. Gustavo Adolfo Bécquer, aunque cronológicamente posterior, encarna el giro intimista y delicado hacia lo simbólico, con sus *Rimas* y *Leyendas*, que anuncian las tendencias modernistas y dejan atrás el énfasis épico.

En el teatro, el máximo exponente es *Don Juan Tenorio* de José Zorrilla, que reinterpreta la leyenda sevillana dotando al personaje de un conflicto interno y una dimensión psicológica renovada, acorde con las preocupaciones románticas. Otro ámbito destacado es el ensayo periodístico, género en el que Mariano José de Larra sobresale. Sus artículos—bajo pseudónimos como Fígaro—critican con ironía y desencanto la inercia y atraso de la sociedad española, anticipando el Realismo y consolidando la prensa como actor cultural esencial.

Legado romántico

Pese a no ser tan rupturista en lo político como el francés, el Romanticismo español definió un nuevo modo de mirar el país. Estableció una sensibilidad, un sentido del pasado y una poética nacional que influirían tanto en la poesía de Rosalía de Castro (simbolizando la Galicia rural y melancólica) como en la narrativa sucesiva. Además, fomentó una visión dual de España: cuna de idealismo trágico y, a la vez, escenario de ironía corrosiva.

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3. El Realismo y el Naturalismo: la exploración de la realidad

Historia y sociedad al descubierto

La segunda mitad del siglo XIX, tras la oleada romántica y nuevas crisis (la Revolución de 1868, la Primera República, la Restauración), conduce a un nuevo enfoque literario: el Realismo. La consolidación de la burguesía como clase dirigente y la difusión de ideas positivistas impulsan una literatura preocupada por la representación fiel, minuciosa, casi fotográfica, de la realidad social. El idealismo se considera insuficiente para responder a los desafíos del momento.

Rasgos fundamentales y géneros

El género estrella es ahora la novela, considerada el espejo más eficaz para analizar la sociedad. Los escritores tienden a desaparecer tras su obra; ceden protagonismo a historias verosímiles, personajes complejos pero reconocibles, y retratan con aguda observación conflictos familiares, políticos, religiosos e ideológicos. El lenguaje tiende a la claridad y precisión; los juicios morales se filtran sutilmente en el trasfondo.

El Naturalismo, introducido con fuerza por Emilia Pardo Bazán, radicaliza los presupuestos realistas al incorporar la influencia determinista de la herencia y el entorno, inspirada en Zola y las teorías científicas de la época. Surgen temas como la miseria, la violencia, el alcoholismo o la opresión de la mujer; el escritor asume el papel de un médico o naturalista, sometiendo la sociedad a un diagnóstico despiadado.

Autores y obras representativas

Benito Pérez Galdós, figura central del periodo, retrata como nadie la compleja transición española en series novelísticas memorables como los *Episodios Nacionales* y en novelas como *Fortunata y Jacinta* o *Misericordia*, donde el Madrid contemporáneo y sus clases sociales quedan documentados con precisión única. Leopoldo Alas “Clarín”, desde la ciudad de Vetusta (trasunto de Oviedo) en *La Regenta*, ofrece un retrato magistral del ambiente provinciano, las pasiones reprimidas y las luchas de poder, con particular profundidad psicológica.

Emilia Pardo Bazán, férrea defensora del derecho femenino a la cultura, incorpora el Naturalismo y una sensibilidad ética propia, denunciando la opresión rural en *Los pazos de Ulloa* o *La madre naturaleza*. Por otro lado, Juan Valera cultiva un realismo menos sombrío, con tintes irónicos y desenfadados, en novelas como *Pepita Jiménez*, donde se representa la lucha entre vocación sacerdotal y deseo amoroso en ambientes rurales andaluces.

Significado cultural

Estas tendencias trasformaron la novela en una herramienta para el debate y el análisis social, favorecieron la aparición de un lector crítico y contribuyeron a la consolidación de la prosa española moderna, inspirando a generaciones posteriores y situando los conflictos españoles en el centro literario europeo.

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4. Diversidad genérica y ecos finales del siglo

A medida que avanza la centuria, otros géneros encuentran también su espacio. La poesía post-romántica, representada por autores como Bécquer y Rosalía de Castro, anticipa los temas y el tono del Modernismo: la introspección —“yo soy un alma enferma”—, la musicalidad y el ansia de infinito. El teatro evoluciona del drama romántico al costumbrismo, con Manuel Tamayo y Baus ilustrando la vida burguesa y popular, y asomando ya el compromiso social que explotará en la siguiente centuria.

El ensayo y la prensa cobran una vital importancia, pues las ideas literarias, políticas y sociales circulan a través de periódicos y revistas. La labor de Larra como periodista sentó escuela, confiriendo a la prensa el rol de agente cultural y de denuncia, abriendo las puertas a un periodismo literario floreciente.

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Conclusión

El siglo XIX literario español, en su rica variedad, refleja con nitidez las tensiones, esperanzas y desengaños de una España en búsqueda de su destino. Desde el grito romántico y la fantasía historicista, pasando por el análisis crítico y el realismo de lo cotidiano, hasta la incursión determinista y científica del Naturalismo, la literatura acompaña y modula el pulso colectivo. El diálogo entre tradición y modernidad que atraviesa estos textos funda las bases de la literatura contemporánea, y las preocupaciones por la identidad, la ética y la justicia social persisten como herencia viva en los autores posteriores. Conocer este periodo es asomarse a los espejos cambiantes de una nación, y nos ayuda a desvelar matices esenciales de nuestra propia actualidad cultural y social. La literatura del XIX no solo describe una época: la interroga, la transforma y la trasciende.

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Fuentes recomendadas para profundizar

Quienes deseen ahondar pueden acudir a antologías de la *Edad Moderna* de la editorial Cátedra, las *Obras completas* de Galdós, Clarín o Bécquer, o consultar bases de datos como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Para un enfoque panorámico, la *Historia de la Literatura Española* coordinada por Víctor García de la Concha resulta esencial.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuáles son las principales características de la literatura española del siglo XIX?

Predomina la crisis de identidad, la ruptura con el pasado, la modernidad y la convivencia entre Romanticismo y Realismo. Refleja profundas transformaciones políticas y sociales.

¿Qué papel tuvo el Romanticismo en la literatura española del siglo XIX?

El Romanticismo introdujo la subjetividad, la libertad creativa y temas como el amor imposible y el destino trágico, convirtiéndose en un grito ante la crisis social y política.

¿Cómo influyó la crisis política en la literatura española del siglo XIX?

Los conflictos políticos y la inestabilidad propiciaron una literatura que canalizó inquietudes sociales y morales, sirviendo como crónica y motor de cambio intelectual.

¿Quiénes fueron los autores destacados de la literatura española del siglo XIX?

José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer y José Zorrilla sobresalieron, abordando temas románticos, simbólicos y revisitando figuras legendarias en sus obras.

¿En qué se diferencian el Romanticismo y el Realismo en la literatura española del siglo XIX?

El Romanticismo prioriza el sentimiento, individualismo y libertad, mientras que el Realismo enfatiza la objetividad y el análisis social, coexistiendo ambos estilos durante el siglo.

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Evaluación del profesor:

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Sobre el tutor: Tutor - Alberto L.

Desde hace 12 años apoyo en Bachillerato y ESO. Enseño a formular tesis, ordenar argumentos y elegir ejemplos que suman puntos. Priorizamos ejercicios prácticos y poca teoría, para mantener la atención y mejorar con cada intento.

Nota:10/ 1022.01.2026 a las 21:29

Buen trabajo: estructura clara, análisis riguroso y ejemplos bien escogidos.

Podrías ampliarlo con más citas textuales o un apartado sobre la recepción crítica contemporánea; aportaría mayor profundidad interpretativa.

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