Sueño y aislamiento en la obra de María Luisa Bombal
Este trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 21.01.2026 a las 12:41
Tipo de la tarea: Ensayo
Añadido: 20.01.2026 a las 6:00
Resumen:
Descubre cómo María Luisa Bombal explora el sueño y el aislamiento femenino en La última niebla, analizando subjetividad y opresión social.
La última niebla de María Luisa Bombal: subjetividad femenina y aislamiento entre la realidad y el sueño
Introducción
La literatura latinoamericana ha sido, a menudo, un territorio fértil para la experimentación y la ruptura de moldes establecidos. En ese contexto se inscribe la figura de María Luisa Bombal, autora chilena de principios del siglo XX cuya voz resuena con fuerza renovada gracias a la originalidad con la que supo captar la complejidad del mundo interior femenino. *La última niebla*, una de sus obras fundamentales, se alza como un testimonio literario donde confluyen la innovación narrativa y una profunda exploración psicológica. Bombal, en su tiempo, chocó deliberadamente con los límites del realismo decimonónico al abrazar el simbolismo y una atmósfera ensoñadora, rasgos que dotan a su novela de un carácter único y vanguardista para la época. Es así como esta obra trasciende el simple relato para transformarse en espejo de una angustia universal: la de la mujer invisible, relegada por las convenciones sociales, luchando entre la asfixia de la realidad y la insumisión de sus deseos reprimidos.Planteo en este ensayo que *La última niebla* encarna magistralmente el drama de la protagonista femenina desgarrada entre su rol impuesto y el anhelo de libertad íntima; la novela no solo denuncia la opresión del entorno, sino también la indagación en los laberintos de la mente, desdibujando los límites entre lo real y lo soñado, la vida y la evasión, en un inquietante juego de espejos.
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I. Contexto socio-cultural y literario: las jaulas invisibles
Para comprender el impacto de *La última niebla*, es imprescindible situar la obra dentro de los parámetros de su tiempo. En los años treinta y cuarenta, las sociedades hispanoamericanas, y especialmente las más conservadoras, imponían sobre la mujer unas estrictas reglas de comportamiento: el matrimonio no era solo un destino social, sino un mandato familiar casi ineludible. La protagonista de Bombal encarna ese modelo: casada por conveniencia, destinada al silencio y al anonimato, prisionera de una casa que funciona como autética cárcel simbólica —un motivo frecuente en la literatura de autoras de la época, desde Carmen Laforet en *Nada*, a Mercè Rodoreda en *La plaza del Diamante*.La introspección psicológica se convierte en una herramienta para denunciar una vida ahogada por la falta de afecto y la imposibilidad de autodeterminación. La familia representa un microcosmos conservador donde la protagonista ni siquiera tiene nombre propio, signo evidente de su despersonalización. La relación con Regina, figura femenina ausente pero omnipresente, revela un juego de espejos: la protagonista mira en ella la libertad y la pasión que le están negadas.
Desde el punto de vista estético, la obra se inscribe en el tránsito entre el realismo, que describe minuciosamente el espacio rural y doméstico, y el simbolismo, encargado de construir los espacios interiores de la mente. El empleo del monólogo interior —que anticipa técnicas posteriores en la literatura europea— y el recurso a la fragmentación temporal, posicionan a Bombal a la vanguardia de la narrativa femenina hispanoamericana, en diálogo con la generación del 27 o, más adelante, con la generación del 50 en la España de posguerra.
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II. Viaje interior de la protagonista: psicología, deseo y evasión
La protagonista de *La última niebla* se presenta como un ser escindido, alienado en su existencia diaria. La casa y el matrimonio, lejos de ser espacios de seguridad, configuran auténticas prisiones, manifestando esa sensación asfixiante por medio de un lenguaje sensorial; la descripción de las cortinas cerradas, la atmósfera enrarecida, los silencios eternos, son detalles que Bombal utiliza como sutiles pero eficaces recursos para transmitir la angustia de su personaje. Uno de los mayores logros de la autora es, precisamente, hacer sentir esa opresión a través de lo que no se dice, de lo que se silencia y se insinúa entre líneas.El personaje de Regina, prima fallecida, funciona como alter ego deseado: encarna la pasión y la vitalidad que la protagonista envidia y ambiciona. El momento del paseo nocturno bajo la “última niebla”, con el sombrero de paja como señal inequívoca de ruptura, supone la evasión culminante del personaje, en la búsqueda desesperada de un amante que representa tanto una realidad posible como un producto difuso de la imaginación. Nunca sabremos con certeza si el encuentro con ese hombre —cuya identidad permanece velada— realmente ha ocurrido o si no es más que otra ilusión entre las muchas confusiones de la protagonista; aquí reside parte del genio narrativo de Bombal, en esa zona gris donde se funden los márgenes de lo posible y lo onírico.
El lenguaje empleado es fundamental para esta creación de atmósfera: predominan las percepciones táctiles (“sentí el peso de una mano extraña…”), visuales (la niebla como persiana entre mundos), y auditivas (el grito perdido en la noche que solo obtiene una respuesta de sí misma). La casa, más viva que sus propios habitantes, resuena con ecos, cruje con los pasos del marido ausente, se puebla de sombras y vacíos. Todo ello contribuye a la configuración de un universo interior poblado de ansiedad, deseo y frustración.
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III. Estructura simbólica y significados ocultos
El tiempo en *La última niebla* carece de linealidad clásica. La narración salta de recuerdos a presente, superponiendo la memoria dolorosa de una infancia marcada por la muerte y los desencuentros con la cruda constatación del fracaso actual. La pérdida de Andrés, el niño, y de Regina, la prima idolatrada, constituyen heridas abiertas que definen y condicionan la identidad de la protagonista. El pasado emerge a cada paso, como otra niebla que oscurece y distorsiona el presente.Entre los símbolos destacados, la niebla es, sin duda, el más poderoso y recurrente: no solo señala la ambigüedad de la frontera entre sueño y realidad, sino que encarna la confusión emocional de la protagonista, atrapada entre la certeza de su insatisfacción y la esperanza vana que le proporciona el sueño. El carruaje, a su vez, es mucho más que un medio de transporte: representa el paso entre dimensiones —la cotidianidad y el deseo, lo permitido y lo prohibido—, mientras que la música del piano resuena como anhelo de una expresión auténtica, de una voz propia, acallada en la vida diaria.
La presencia masculina en la obra está estratégicamente dividida: Daniel, el marido, personifica las expectativas sociales, el control, el tedio y la rutina; el amante anónimo, en cambio, es motor de vida, de sensualidad y de libertad, aunque nunca se materializa por completo. Andrés, finalmente, conserva la pureza de la infancia y la posibilidad de una relación sin ataduras, frustrada trágicamente por la muerte.
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IV. Temas centrales: opresión, deseo y la doble cara de la realidad
El gran tema de *La última niebla* es la opresión femenina. La protagonista –sin nombre propio, sin espacio propio– se enfrenta a una existencia a la que solo puede oponer la fuerza de su mundo interior, plagado de simbolismos y sueños. Bombeando la estructura social, Bombal denuncia el destino de tantas mujeres obligadas a vivir vidas ajenas, a elegir entre la resignación o la locura. El sueño, lejos de ser exclusivamente evasión, se convierte en acto de resistencia: allí donde no llega el cuerpo, llega la imaginación. Pero la confrontación con la realidad termina siendo amarga; tras la experiencia liberadora, la protagonista solo encuentra vacío y alienación renovada.El deseo, sobre todo sexual, atraviesa toda la obra: reprimido, deformado, idealizado. El amante es tanto un grito de protesta contra la pasividad conyugal como el último refugio de la heroína contra una vida carente de sentido. Sin embargo, la ilusión termina por desmoronarse: la muerte de Andrés y la desaparición de Regina simbolizan el fin de las posibilidades, el cierre definitivo de la salida al mundo. Incluso el suicidio está sugerido como única vía de liberación, añadiendo así un matiz trágico a la novela.
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V. Reflexión final: actualidad y legado
Lo que María Luisa Bombal puso en escena en 1934 sigue resonando en pleno siglo XXI. A pesar de los avances, la identidad femenina y la búsqueda de una voz propia continúan siendo problemáticas para muchas mujeres dentro y fuera de España. Releída hoy, la novela dialoga tanto con los planteamientos del feminismo contemporáneo como con otras autoras españolas que se atrevieron a desafiar el canon, como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Esther Tusquets. El valor de *La última niebla* reside además en su capacidad para revelar, a través del monólogo interior, esas zonas de sombra y ambigüedad que las narraciones dominadas por la mirada masculina tendieron a ocultar.En el plano formal, la novela demuestra la enorme potencialidad de la literatura como laboratorio de la subjetividad: lo fragmentario, lo simbólico, el corte de la temporalidad, la voz sesgada, se transforman en aliados de la autora para mostrar el conflicto del Yo, ese yo escindido, desconcertado, que duda de sí mismo y de la realidad.
Asimismo, la obra sirve como reflexión sobre los límites de la narración: ¿dónde acaba la ficción y empieza la verdad? ¿Dónde se sitúan los confines de aquello que puede ser confesado? Bombal parece susurrarnos que, para ciertas existencias, la niebla nunca se levanta del todo: la literatura, sin embargo, puede al menos visibilizar la lucha y hacer oír la voz ahogada.
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Conclusión
En suma, *La última niebla* es una obra imprescindible, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. La protagonista es el emblema de una lucha callada, universal y, a la vez, íntimamente femenina. El valor transgresor de Bombal reside tanto en su denuncia de la opresión real como en su brillante evocación de un universo interior donde las palabras, los símbolos y los sueños son, también, armas de resistencia. Por estas razones la novela merece ser leída y discutida en las aulas españolas, junto a las más grandes obras de nuestra literatura, como ejemplo de técnica y, sobre todo, de coraje y honestidad literaria.Finalmente, Bombal nos invita a reflexionar sobre las propias “nieblas” personales y colectivas: hace un llamamiento a la rebeldía, a la introspección y, en última instancia, a la búsqueda de esa libertad que —como la niebla— puede resultar inaprensible, pero nunca del todo inalcanzable.
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