Redacción de historia

Mundo contemporáneo: evolución histórica desde 1789 hasta la globalización

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 16.01.2026 a las 18:00

Tipo de la tarea: Redacción de historia

Mundo contemporáneo: evolución histórica desde 1789 hasta la globalización

Resumen:

Resumen 1789–hoy: revoluciones, industrialización, guerras, descolonización, Guerra Fría y globalización; transformaciones políticas, económicas y sociales.

Historia del mundo contemporáneo

I. Introducción

El “mundo contemporáneo”, tal como se estudia en la historiografía, abarca el periodo comprendido entre la Revolución Francesa de 1789 y la actualidad. Esta delimitación, ampliamente aceptada en los manuales españoles, no sólo responde a una sucesión cronológica de acontecimientos, sino que refleja transformaciones profundas en la política, la economía y el tejido social, que han configurado la vida actual. Así, resulta imposible comprender la globalización, los sistemas democráticos o las desigualdades presentes sin analizar los procesos que emergen a finales del siglo XVIII.

La pregunta que guía este ensayo puede articularse de la siguiente forma: ¿cómo se han transformado las estructuras políticas, económicas y sociales, desde unas sociedades regidas por monarquías absolutas y economía agraria hasta el actual sistema mundial globalizado? Sostengo que la modernidad contemporánea se caracteriza, sobre todo, por el tránsito de economías rurales controladas por élites aristocráticas hacia sociedades industriales, demográficas y digitalizadas, articuladas en torno al Estado-nación y a una progresiva interdependencia global, todo ello impulsado por revoluciones políticas, avances científicos e intensos cambios poblacionales.

Para desarrollar esta tesis, analizaré los conceptos clave y la periodización del mundo contemporáneo, los cambios económicos y sociales, la evolución política e ideológica, los procesos de imperialismo y descolonización, las crisis bélicas y sus efectos, la globalización y los debates historiográficos más relevantes, incorporando ejemplos y fuentes propios del contexto europeo y español.

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II. Marco conceptual y periodización

Antes de abordar los grandes cambios que modelan la contemporaneidad, es fundamental definir ciertos conceptos. “Antiguo régimen” designa el sistema previo a las revoluciones de finales del siglo XVIII, caracterizado por la supremacía monárquica, una economía agraria, la organización estamental y el peso de la nobleza y el clero. Frente a ello, el “orden liberal” o “industrial”, desde la Revolución Francesa y la Industrial, introduce la igualdad jurídica, la propiedad privada y una economía basada en la industria y el mercado.

La “revolución” es otra noción fundamental: puede ser política (como en 1789), industrial (la adopción masiva de nuevas técnicas productivas), o demográfica (la transición de las tasas de natalidad y mortalidad). El “imperialismo”, fenómeno clave entre 1870 y 1914, supuso la expansión de las potencias europeas por África y Asia, motivado por causas económicas y estratégicas, mientras que el “nacionalismo” articuló la construcción de los estados-nación y las luchas anticoloniales. Finalmente, la “globalización” define la etapa actual, de interdependencia tecnológica, económica y cultural.

En cuanto a la periodización, propongo dividir el mundo contemporáneo en cinco grandes etapas: (1) 1789–1848, revoluciones políticas y primeras reformas liberales; (2) 1848–1914, expansión industrial y colonial; (3) 1914–1945, guerras mundiales y crisis de entreguerras; (4) 1945–1991, Guerra Fría y descolonización; y (5) 1991 hasta hoy, globalización y digitalización. Esta división facilita el análisis temático y comparativo, permitiendo observar tanto las evoluciones continuas como las rupturas decisivas.

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III. Transformaciones económicas

La economía del Antiguo Régimen se sustentaba sobre la agricultura: más del 80% de la población vivía en el campo y dependía del trabajo manual y la subsistencia. En España, hasta las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz (siglo XIX), la tierra estaba en manos de la nobleza o la Iglesia. La transformación empieza con los “cercamientos” en Gran Bretaña, donde los campesinos pierden el acceso común a la tierra, lo que favorece la concentración de la propiedad, el excedente productivo y la generación de mano de obra disponible para las ciudades industriales.

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra y expandida progresivamente por Francia, Alemania y, más tarde, España, cambió radicalmente el panorama. Factores como la acumulación de capital en el comercio atlántico, la disponibilidad de carbón y hierro, y la invención de la máquina de vapor (1769) marcaron el auge fabril. Así surgieron fábricas de producción mecanizada, el ferrocarril y una nueva división internacional del trabajo, que multiplicó la productividad y aceleró la urbanización. Según datos del INE, la población urbana en España pasó del 11% en 1860 al 43% en 1930.

A la par, el desarrollo de sistemas bancarios nacionales y la generalización del crédito sostuvieron la expansión económica. El proteccionismo en los países atrasados convivió con el librecambismo británico, y surgieron las primeras crisis cíclicas (pánicos bancarios, quiebras de empresas).

A finales del siglo XX, la terciarización de la economía y la robotización industrial pusieron en cuestión el modelo fabril. El desempleo en sectores industriales tradicionales forzó a muchos países —España incluida— a apostar por los servicios, el turismo y la economía digital. Ejemplo paradigmático es la reconversión industrial de los años ochenta y noventa en Europa, y el surgimiento de multinacionales y cadenas de producción dispersas globalmente, fenómeno reforzado por la entrada de España en la UE (1986).

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IV. Cambios sociales y demográficos

El crecimiento demográfico moderno se asocia a la llamada “transición demográfica”. Los censos españoles ilustran bien el proceso: entre 1800 y 1900, la población de España pasó de escasamente 11 millones a cerca de 19, con grandes fluctuaciones por crisis de subsistencias, guerra y migraciones. La caída de la mortalidad infantil, la mejora de la higiene y la introducción de las vacunas impulsaron el crecimiento.

En paralelo, el éxodo rural fue un fenómeno transversal en toda Europa. Familias campesinas se trasladaron a las ciudades en busca de trabajo fabril —los barrios obreros de Barcelona o Bilbao son buenos ejemplos—. Esta transformación dio lugar a nuevas clases sociales: la burguesía industrial, que acumuló capital e influencia política; el proletariado, sometido a duras condiciones de vida y trabajo; y una pequeña burguesía urbana dedicada al comercio y los servicios.

La situación de la mujer cambió, aunque de forma desigual y lenta. En las primeras fábricas textiles de Cataluña, las mujeres y los niños constituían una parte esencial de la fuerza laboral, soportando largas jornadas. El movimiento obrero, a través de las sociedades de socorro y las mutualidades, luchó por derechos básicos: limitación de jornada, salario mínimo y acceso a la educación. En España, la ley de 1900 sobre accidentes de trabajo representó uno de los primeros avances sociales legislados.

Desde finales del XIX y durante el XX hubo migraciones masivas de europeos hacia América Latina, buscando mejores oportunidades o huyendo de la miseria y los conflictos. Las cartas de emigrantes españoles a Argentina y Cuba testimonian la dureza de la integración y la esperanza en el “nuevo mundo”.

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V. Transformaciones políticas e ideológicas

La Revolución Francesa de 1789 constituye el hito fundacional de la política moderna. Por primera vez, los conceptos de soberanía popular, ciudadanía y derechos humanos entraron en la agenda europea e inspiraron constituciones liberales, como la gaditana de 1812 en España. Sin embargo, la reacción conservadora (Congreso de Viena, 1815) supuso un regreso temporal de monarquías absolutas, aunque las ideas liberales ya eran imparables.

En la segunda mitad del siglo XIX, el nacionalismo vertebró la formación de los estados-nación (Alemania, Italia), con procesos de unificación marcados por guerras y pactos entre burguesía y monarquías. En España, el Estado liberal avanzó con dificultad, enfrentándose a guerras civiles (carlistas) y pronunciamientos.

El siglo XX llevó la ideología política a sus extremos. Frente al liberalismo y al socialismo, surgieron el fascismo y el comunismo. La Guerra Civil española (1936–39), dentro de este clima de enfrentamiento ideológico, enfrentó a republicanos y nacionalistas, y acabó dando paso a la dictadura franquista. Las Constituciones de 1931 y 1978 ilustran la oscilación entre democracia y autoritarismo.

En el sistema internacional, los tratados —como el de Versalles (1919), que sancionó el final de la Primera Guerra Mundial— y los organismos multilaterales (Sociedad de Naciones, luego la ONU) intentaron sostener la paz y el equilibrio, aunque con éxito desigual.

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VI. Imperialismo, descolonización y relaciones globales

El “reparto de África” en la conferencia de Berlín (1884–85) ejemplifica el apogeo del imperialismo europeo. España, aunque en decadencia tras perder sus colonias americanas (1898), mantuvo un papel en Marruecos, Guinea y el Sáhara. La colonización se justificó como misión civilizadora, pero su objetivo principal era económico y estratégico.

La reacción colonial, que cristaliza tras la Primera Guerra Mundial, resultó en movimientos nacionalistas y luchas de liberación, como las de Mohandas Gandhi en la India o el FLN en Argelia. Tras 1945, la descolonización, a veces pacífica (India) y a veces violenta (Argelia, Congo), alteró el sistema mundial. España vivió su propio proceso tardío con la retirada del Sáhara Occidental en 1975.

La rivalidad global de la Guerra Fría consolidó dos bloques (EE. UU. y la URSS) y dejó a los países recientemente independizados —el llamado Tercer Mundo— en búsqueda de modelos alternativos de desarrollo y de autonomía política.

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VII. Guerras mundiales y crisis del modelo

La Primera Guerra Mundial (1914–18), detonada por un complejo sistema de alianzas y rivalidades, supuso una movilización humana y material sin precedentes. El derrumbe de imperios (austrohúngaro, ruso) transformó el mapa europeo y generó frustración y radicalización política. El período de entreguerras vio el ascenso del nazismo y el fascismo debido, en parte, a la inestabilidad y la Gran Depresión (1929).

La Segunda Guerra Mundial (1939–45) llevó la destrucción y la violencia a una escala aún mayor, con el Holocausto como trágico símbolo del totalitarismo moderno. Sus consecuencias sentaron las bases del nuevo orden: Estados Unidos y la URSS como superpotencias, la creación de la ONU, y en parte, el nacimiento de los Estados del bienestar en Europa Occidental.

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VIII. Globalización, tecnología y problemas contemporáneos

Tras la caída del muro de Berlín (1989) y la URSS (1991), se afianzó un modelo de economía globalizada. El comercio internacional alcanzó nuevas cotas, potenciado por la digitalización y el auge de las empresas transnacionales. España, tras incorporarse plenamente a la Unión Europea, se integró en estas dinámicas.

La revolución informacional (internet, telefonía móvil, biotecnología) ha transformado la comunicación, el trabajo y las formas de vida. No obstante, persisten desafíos enormes: el cambio climático, las migraciones masivas, la pandemia de COVID-19 y las crecientes desigualdades sociales. Frente a ello, han surgido reacciones populistas y movimientos nacionalistas, así como iniciativas de integración supranacional, como la UE o la Agenda 2030.

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IX. Los debates historiográficos

El estudio del mundo contemporáneo ha estado muy marcado por escuelas historiográficas como el marxismo (Hobsbawm), la historia social (Braudel), la historia cultural, los enfoques poscoloniales y la “global history”. Cada una enfatiza distintos factores: economía, cultura, estructuras sociales, interconexiones globales. Hoy, el uso de fuentes nuevas (historia oral, big data, documentos audiovisuales) y la crítica al eurocentrismo amplían los horizontes, obligando a repensar narrativas y periodizaciones.

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X. Conclusión

En resumen, el mundo contemporáneo es resultado de un largo y complejo proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales. Desde la Revolución Francesa hasta la globalización digital, la historia reciente es la de la irrupción de nuevas formas de poder, riqueza y conflicto, pero también de luchas por la igualdad, la libertad y la dignidad. Comprender estos procesos es imprescindible para abordar los retos actuales, desde la desigualdad hasta el cambio climático.

La historia del mundo contemporáneo pone en perspectiva los problemas y logros de nuestro tiempo, mostrando que nada está predestinado ni es irreversible, sino fruto de decisiones, resistencias y alianzas humanas. Por eso, estudiar historia no es sólo asimilar fechas y nombres, sino aprender a pensar críticamente sobre el mundo e imaginar futuros posibles.

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XI. Bibliografía sugerida

- Hobsbawm, E.: “La era de la revolución”, “La era del capital”. - Judt, Tony: “Postguerra. Una historia de Europa desde 1945”. - Braudel, Fernand: “Civilización material, economía y capitalismo”. - Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). - Constitución española de 1812 y 1978. - Archivo Histórico Nacional, INE, World Bank Data.

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Nota: Para profundizar en cualquiera de las etapas o fenómenos mencionados, se recomienda consultar manuales de historia contemporánea publicados en España, como los editados por Alianza Editorial o Crítica, junto a recursos digitales como el Centro Documental de la Memoria Histórica.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

Resumen del mundo contemporáneo: evolución histórica desde 1789 hasta la globalización

El mundo contemporáneo abarca de 1789 a la actualidad, destacando profundas transformaciones políticas, económicas y sociales que explican la globalización y los sistemas actuales.

¿Cuáles son las principales etapas del mundo contemporáneo desde 1789?

Las cinco etapas son: revoluciones (1789-1848), expansión industrial (1848-1914), guerras mundiales (1914-1945), Guerra Fría y descolonización (1945-1991), y globalización digital (1991-presente).

¿Cómo evolucionó la economía en el mundo contemporáneo desde 1789?

Pasó de una economía agraria y rural a una industrial, urbana y, finalmente, a una economía de servicios y digitalizada con intensa interdependencia global.

Mundo contemporáneo: cambios sociales y demográficos desde la Revolución Francesa

Aumentó la población, se produjo un éxodo rural hacia ciudades, surgieron nuevas clases sociales y hubo migraciones masivas europeas hacia América Latina.

Impacto de la globalización en el mundo contemporáneo: principales características

La globalización ha generado interdependencia tecnológica, económica y cultural, y ha planteado desafíos como desigualdad, cambio climático y reacciones nacionalistas.

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