Texto expositivo

La influencia cultural e histórica de las religiones en la sociedad

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Tipo de la tarea: Texto expositivo

La influencia cultural e histórica de las religiones en la sociedad

Resumen:

La religión es un fenómeno cultural y social que une a las personas, regula la convivencia y da sentido a la vida a través de creencias, normas y ritos.

Religiones

I. Introducción

La religión, en su sentido más amplio, es un sistema de creencias y prácticas que surge de la compleja relación entre la mente humana y la naturaleza, entre el espíritu y la materia. Desde tiempos remotos, los seres humanos han intentado explicar el mundo que les rodea y su propia existencia mediante relatos sagrados, símbolos y ritos, que les han permitido establecer una comunicación con lo trascendente. La religión no sólo es un fenómeno espiritual, sino que está íntimamente ligada a la cultura de los pueblos, a su organización social y a la manera en la que comprenden el mundo. Ejemplo de esto lo encontramos en la España medieval, donde la convivencia de distintas religiones —cristiana, judía y musulmana— no sólo marcó períodos conflictivos, sino que también enriqueció la cultura peninsular, influyendo en la lengua, el arte y las costumbres.

A lo largo de la historia, las religiones han jugado un papel fundamental en la cohesión y desarrollo de las sociedades. Especialmente en culturas agrícolas y civilizaciones estables, la religión ha servido como un elemento de unión y regulación social, estableciendo normas de convivencia y legitimando el orden establecido. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los dioses y su culto estaban vinculados a las tareas del campo y al ciclo del Nilo, mientras que en la España visigoda o en la Castilla medieval la fe era considerada fundamento mismo de la autoridad y la ley.

La tesis que desarrollaré en este ensayo sostiene que la religión, más allá de su dimensión espiritual, es un fenómeno cultural, social y lingüístico profundamente ligado a la organización comunitaria, la comunicación simbólica y la búsqueda de sentido frente al universo. A través del análisis de su origen, funciones y manifestaciones, podremos comprender la centralidad de la religión en la vida de los pueblos y su permanencia, aún transformada, en la sociedad contemporánea.

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II. Origen y contexto cultural de las religiones

A. Diferenciación mente-naturaleza y espíritu-materia

El surgimiento de la religión está estrechamente vinculado a la capacidad humana de diferenciar entre la mente —lo inmaterial, lo pensante— y la naturaleza —lo físico, lo palpable—. Esta distinción, que algunos filósofos como Platón y san Agustín exploraron a fondo, permite a las personas concebir realidades más allá de lo tangible, dando origen a narraciones sobre dioses, espíritus o fuerzas ocultas que rigen el cosmos. En las primeras civilizaciones agrícolas, esta diferenciación fue decisiva. La progresiva especialización del trabajo y la elaboración de herramientas complejas fomentaron la aparición de sacerdotes, chamanes y líderes religiosos, encargados de interpretar los designios de lo divino.

B. Contraste entre culturas cazadoras y agrícolas

En las sociedades cazadoras-recolectoras predominaban roles poco diferenciados y multifuncionales. Los hombres eran cazadores, constructores y, en ocasiones, mediadores con el “más allá”, mientras que las mujeres solían desarrollar un papel menos público, centrado en la recolección, el hogar y la transmisión oral de tradiciones. En cambio, las culturas agrícolas, como las del valle del Ebro o las históricas civilizaciones mesopotámicas, introdujeron una marcada división del trabajo y la necesidad de cooperar a gran escala. Surgieron entonces oficios específicos y jerarquías sociales, incrementando la complejidad de la vida comunitaria y la importancia de los rituales y normas sagradas para coordinar roles y asegurar la armonía del grupo. La percepción misma del mundo cambió; la regularidad de los ciclos agrícolas reforzó la idea de un cosmos ordenado, susceptible de ser influido mediante ofrendas y plegarias.

C. Importancia de la cooperación y división del trabajo

La cooperación y la división del trabajo hicieron indispensable la existencia de reglas y convenciones. El lenguaje emergió entonces como un instrumento crucial, no sólo para coordinar actividades, sino para expresar y sostener las creencias que conferían sentido y valor a esos roles. Por ejemplo, en la España rural tradicional, la festividad de San Isidro resume la combinación de religión, cooperación agrícola y celebración comunitaria: los rezos por las cosechas, las procesiones y los banquetes colectivos muestran cómo la religión ayuda a integrar normas sociales, expectativas y esperanzas compartidas.

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III. Lenguaje, convención social y roles en la religión

A. El lenguaje como base de la conciencia y clasificación del mundo

El desarrollo del lenguaje fue esencial para que el ser humano pudiera distinguir experiencias, objetos y roles. La riqueza de un idioma, expresada en su número de palabras y matices, es indicio de la capacidad para captar diferencias y organizar la realidad. Cada palabra permite señalar una función o identidad: “herrero” no es sólo quien forja hierro, sino quien, socialmente, ocupa ese puesto reconocido y respetado; “panadero”, “sacerdote”, “alcalde”, son etiquetas que dan sentido y orden a la convivencia.

B. Persona y roles sociales

La palabra “persona” proviene del latín “persona”, que originalmente significaba la máscara que usaban los actores en el teatro clásico. Esta máscara —el rol social— no dependía sólo de quien la llevaba, sino de su aceptación y reconocimiento por parte del grupo. Un sacerdote, por ejemplo, sólo puede ejercer si la comunidad valida su autoridad. Los papeles sociales crean diferencias y unicidad, exigiendo al mismo tiempo separación y respeto por parte de los otros: nadie puede “robar” el rol de otro si la comunidad no lo permite. Así, la identidad individual se construye dentro del marco de roles y convenciones sociales.

C. Convenciones: divisivas y cohesivas

Las convenciones sociales —costumbres, normas, lenguaje, moral— son a la vez fuente de identidad y de separación. Nos permiten formar parte de una colectividad, pero también nos exigen aprendizaje, disciplina y renuncia a ciertos impulsos naturales. El proceso de educación de un niño ilustra este doble aspecto: aprender a hablar correctamente, comportarse según las reglas y asimilar valores implica integrarse, pero también asumir límites. En la España de hace apenas un siglo, el aprendizaje del catecismo y las conductas religiosas era parte esencial de la educación primaria, marcando la entrada del niño en la comunidad cristiana.

D. Religión como garantía del sistema convencional

La religión desempeña aquí un papel privilegiado: no sólo consagra las reglas sociales, sino que las dota de un fundamento superior, trascendente. El judaísmo ejemplifica esta función: el pueblo elegido es aquel que respeta y cumple la Alianza con Dios, definida por una ley revelada. El cristianismo amplió esta lógica, dando a la Iglesia el papel de comunidad de salvación, abierta a todos los pueblos pero regida por convicciones y ritos propios (bautismo, comunión, confesión). Así, la religión integra y regula al individuo en su vida social y moral.

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IV. Religión y cosmovisión: pensamiento y universo

A. Relación entre convenciones sociales y creencias universales

El pensamiento humano no es libre: está mediatizado por el lenguaje y los símbolos. Las clasificaciones, conceptos y ritos religiosos sólo pueden surgir donde existe una gramática, un vocabulario y unos signos compartidos. De este modo, la visión de la realidad —la cosmovisión— depende de los recursos culturales heredados.

B. Teoría de Benjamin Lee Whorf

El lingüista Benjamin Lee Whorf defendió que la estructura del idioma determina, en gran medida, cómo sus hablantes piensan y comprenden el mundo. Así, religiones semíticas (como el judaísmo, el cristianismo o el islam), cuyo idioma sagrado asigna un papel creador a la Palabra —“Y dijo Dios: hágase la luz…”— conciben el mundo como obra de una voluntad inteligente y ordenadora. En cambio, tradiciones indo-arias pueden imaginar un universo cíclico y múltiple, donde los dioses y la materia se interrelacionan de forma distinta.

C. Idea de un cosmos ordenado e inteligente

Toda cultura tiende a construir una imagen coherente y estable del mundo. De esta tendencia surge la idea de un ser supremo, sabio e inmensurable, origen y garante del orden universal. El salmista lo expresó bellamente: “¡Demasiado grande es para mí este saber, tan elevado que no puedo alcanzarlo!” (Salmo 139,6). Este asombro ante el misterio del mundo es la raíz común de la religión y de la filosofía.

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V. La religión como teísmo y sus variantes

A. Definición de teísmo

El teísmo implica la creencia en un Dios personal, vivo y autónomo, diferente del mundo y sus criaturas. Esta distinción entre mente y materia, propia de muchas religiones, se refleja en la idea de un Creador que trasciende su obra, pero que interviene —y a veces dialoga— con ella.

B. Diferentes formas de teísmo

1. Henoteísmo: Se acepta la existencia de varios dioses, pero uno es supremo. El antiguo Israel pre-exílico es un buen ejemplo, pues Yahvé era el dios principal, aunque se reconocían otros dioses de los pueblos vecinos. 2. Monoteísmo: Un solo Dios absoluto exige fidelidad total: “No tendrás otros dioses frente a mí” (Éxodo 20,3). El judaísmo yahvista, el cristianismo clásico y el islam son casos paradigmáticos. 3. Politeísmo: Se admite la pluralidad de dioses, cada uno con atributos y funciones específicas, como en la antigua Grecia o la Roma imperial. Sin embargo, la unidad última puede subsistir, como sugirió Platón: “Lo múltiple es manifestación de lo uno”. 4. Panteísmo: Dios se identifica con el universo entero. Es una posición más filosófica que religiosa, adoptada por pensadores como los estoicos o, en la Edad Moderna, Baruch Spinoza. 5. Panenteísmo: Dios incluye y trasciende el mundo; todo cuanto existe participa en la divinidad, pero Dios permanece independiente. Esta visión es afín a algunos místicos cristianos, sufíes o al pensador Ramón Llull, cuya “Ars Magna” buscaba encontrar a Dios en todas las cosas.

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VI. Elementos fundamentales de la religión: credo, código y culto

A. Credo

El credo es el fundamento intelectual de la religión: un conjunto de verdades reveladas sobre el mundo, el sentido de la vida y la existencia de un ser supremo. En el cristianismo occidental, el “Credo de Nicea” resume las creencias fundamentales de los fieles.

B. Código

El código religioso es el conjunto de leyes morales y sociales que regulan la conducta. Estas normas —como los Diez Mandamientos en el judaísmo y cristianismo, la Sharia islámica, o los Dhammapada budistas— son presentadas como expresión de una voluntad divina, y su observancia garantiza la armonía del grupo.

C. Culto

El culto es la dimensión ritual y simbólica: oraciones, danzas, sacrificios, dramatizaciones y liturgias buscan armonizar la conciencia individual con la divinidad y expresar la pertenencia al grupo. En la tradición cristiana, la misa y la comunión reúnen a la comunidad en torno al sacrificio redentor de Jesús, mientras que en el islam la oración dirigida a La Meca cinco veces al día —como ocurre en algunas medinas de Marruecos, recordadas en la literatura andalusí— une a millones de creyentes en un mismo acto.

Estos tres elementos —credo, código y culto— configuran la estructura básica de las religiones e impulsan su perdurabilidad e influencia social.

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VII. Concepto y función de la salvación en las religiones abrahámicas

A. Definición y significado

En el judaísmo, el cristianismo y el islam, la salvación representa la incorporación del individuo a una comunidad superior, definida por la obediencia y la confianza en Dios. Es una experiencia a la vez social y personal, ligada a la esperanza de trascender la muerte y participar de la vida divina.

B. Evolución de la idea de salvación

Originalmente, la salvación era entendida como pertenencia al pueblo elegido; la vida después de la muerte era confusa o incierta. Con el tiempo surgieron las ideas de resurrección (en la tradición judía apocalíptica y en el cristianismo) y de la inmortalidad del alma (influencia del helenismo). También se introdujo la noción de castigo para los excluidos: el “Gehena” hebreo, el infierno cristiano, o “Iblis” en el islam.

C. Salvación y personalidad

La salvación implica unión a Dios sin perder la individualidad. El místico español san Juan de la Cruz decía que “el alma se une a Dios como la llama a la vela; se conserva en su identidad, pero arde en el todo”.

D. Limitaciones humanas y necesidad de ayuda divina

El pecado original, la soberbia, el egoísmo… son obstáculos insuperables para el hombre por sí solo. San Agustín, en “Las Confesiones”, afirma: “No puedo levantarme si Tú no me levantas”. La perfección moral queda fuera del alcance humano sin gracia o ayuda trascendente.

E. Misericordia de Dios y gracia

La religión postula que Dios es misericordioso y ofrece su perdón a quienes se arrepienten sinceramente. El arrepentimiento y la gracia son la base de la redención. Santa Teresa de Jesús, gran mística española, insistía en que “basta un acto de amor para borrar una vida de pecado”, siempre que haya arrepentimiento.

F. Papel central de Jesús en el cristianismo

Jesús es el mediador único, la encarnación del amor divino. Su sacrificio expía la culpa de la humanidad, según la doctrina cristiana, y abre el acceso a la vida eterna. En la Semana Santa española, los pasos y procesiones escenifican el drama de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, recordando visual y emotivamente este núcleo teológico.

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VIII. Clasificación y diversidad de religiones

A. Religiones mundiales

El judaísmo, el cristianismo y el islam son religiones que tienden a la universalidad, aspirando a reunir a todos los seres humanos en una única fe. Su expansión, marcada por la acción misionera, la traducción de textos sagrados y la institucionalización de las iglesias, ha moldeado la historia mundial. En España, la Reconquista y la cristianización de los territorios fueron un ejemplo de cómo la religión puede articular y sostener proyectos políticos y sociales.

B. Religiones locales o culturales

Otras religiones, como el sikhismo en India o el zoroastrismo en Persia, son propias de grupos étnicos o regiones específicas. Otras tradiciones, como los cultos de Ra y Osiris en Egipto o los misterios grecorromanos, han desaparecido pero dejaron su huella en la literatura, la filosofía y la memoria histórica de los pueblos. En la propia España existen todavía rastros de religiosidad ancestral o sincrética, como ciertas fiestas rurales, leyendas sobre santos, o rituales de protección vinculados tanto a la Iglesia como a tradiciones paganas precristianas.

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IX. Conclusión

Como hemos visto, la religión surge y se desarrolla en el seno de la vida social y cultural, siendo un producto de la capacidad humana de diferenciar, simbolizar y comunicar. Su función integradora —organizadora de roles, garante de la moral y mediadora entre el individuo y la comunidad— ha sido y sigue siendo esencial en la historia de la humanidad. El pensamiento religioso, a través del lenguaje y los símbolos, ha forjado una visión del mundo en la que el sentido y el misterio se entrelazan.

Hoy, en un mundo globalizado y plural, la religión se enfrenta a nuevos desafíos: su papel en la convivencia intercultural, en la búsqueda de sentido personal, en la construcción de una ética común capaz de respetar la diversidad y defender la dignidad humana. La persistencia de la Semana Santa, la importancia de la Alhambra como testimonio islámico en suelo español, o la supervivencia de festividades ancestrales son pruebas vivas de que la religión, aunque transformada, sigue formando parte del imaginario colectivo y del horizonte de sentido de nuestro tiempo.

Invito, por tanto, a reflexionar sobre el lugar de la religión en el mundo actual, abierto al diálogo y al respeto mutuo, sin perder de vista sus funciones originarias y la riqueza de su legado.

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X. Consejos para redactar el ensayo

Para lograr un ensayo claro y completo, es imprescindible emplear un lenguaje preciso, ejemplificar cada argumento con casos concretos, y citar textos relevantes, como los salmos bíblicos o fragmentos de clásicos españoles. La estructura lógica y coherente facilita la exposición, mientras que la integración de referencias culturales y temporales contextualiza el fenómeno religioso. Por último, el respeto a la diversidad y la objetividad deben guiar el análisis, abriendo así un espacio para la reflexión y el debate informado sobre un tema tan universal como complejo: la religión.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuál es la influencia cultural de las religiones en la sociedad?

Las religiones han moldeado el arte, la lengua y las costumbres de las sociedades, cohesionando a los pueblos y legitimando normas sociales a lo largo de la historia.

¿Qué funciones sociales e históricas cumplen las religiones en la sociedad?

Las religiones regulan el comportamiento, establecen normas éticas y refuerzan la organización comunitaria, actuando como elemento integrador y fundamento del orden social.

¿Cómo influyó la religión en la España medieval según el texto?

En la España medieval, la convivencia entre religiones cristiana, judía y musulmana enriqueció la cultura y determinó la estructura social, el arte y las costumbres.

¿Qué elementos fundamentales definen las religiones y su influencia social?

Las religiones se estructuran en torno al credo, el código y el culto, que sustentan sus creencias, normas y rituales, manteniendo su perdurabilidad e impronta social.

¿Cuál es el papel del lenguaje en la influencia cultural de las religiones en la sociedad?

El lenguaje permite transmitir creencias religiosas y roles sociales, estructurando la cosmovisión e identidad cultural de las comunidades a lo largo de la historia.

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