Análisis

La Celestina: Fernando de Rojas y la España de finales del siglo XV

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 25.01.2026 a las 12:54

Tipo de la tarea: Análisis

Resumen:

Descubre el análisis de La Celestina de Fernando de Rojas y su reflejo de la España del siglo XV para entender su contexto histórico y literario clave.

La Celestina y Fernando de Rojas: un reflejo humano y contradictorio de la España de finales del siglo XV

La literatura española tiene en *La Celestina* una de sus piedras fundacionales, un texto que no solo marca el final de la Edad Media, sino que, al mismo tiempo, anuncia la llegada de una nueva manera de entender al ser humano, la sociedad y las relaciones entre ambos. Se trata de una obra difícil de clasificar, a caballo entre el drama y la novela dialogada, cuyo contenido desborda los moldes de la literatura medieval para abrirse a preocupaciones individualistas, psicológicas y sociales propias del Renacimiento. Fernando de Rojas, su autor, es en sí mismo una figura que encarna las tensiones de su época: de ascendencia conversa y formación humanista, encontró en su obra la vía para indagar en la compleja naturaleza del hombre y sus pasiones. *La Celestina*, con su inusual riqueza de personajes y su mirada cruda sobre el amor, la moral y la estructura social, sigue siendo, más de cinco siglos después, un espejo incómodo y fascinante de la España de finales del siglo XV.

Contexto histórico y cultural: La encrucijada de dos mundos

A finales del siglo XV, España vivía un momento de profundas transformaciones. El fin de la Reconquista, el descubrimiento de América y la consolidación de la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos fueron hitos políticos que afectaron las estructuras sociales y mentales de la época. La vieja sociedad feudal perdía terreno frente al crecimiento de los burgueses urbanos y la aparición de nuevos valores vinculados al comercio y la movilidad social. La Inquisición, cada vez más poderosa, velaba por una pureza religiosa en una sociedad marcada por la coexistencia de cristianos viejos, judíos conversos y moriscos, imponiendo la sospecha y el silencio como formas de supervivencia, especialmente entre las minorías conversas, como era el propio Fernando de Rojas.

Literariamente, el paso de la literatura didáctico-moralizante medieval —como los autos sacramentales o las hagiografías— derivó hacia formas más humanas y realistas. El teatro seguía aún con vestigios de lo sagrado y lo alegórico, pero surgían obras como *La Celestina* que, a través del diálogo y la mezcla de registros cultos y populares, ofrecían una imagen compleja de un mundo en crisis. Ya no se trataba solo de exponer modelos de virtud o vicio, sino de representar personajes que dudan, sienten y eligen, con todas las consecuencias de sus actos.

Fernando de Rojas: trayectoria personal y sensibilidad social

Fernando de Rojas nació hacia 1470 en la localidad toledana de La Puebla de Montalbán, en el seno de una familia judía conversa. Este hecho, lejos de ser una mera anécdota, marcó su vida: como tantos otros conversos, debió hacer equilibrios constantes entre su ascenso social e intelectual y el recelo que despertaban en una sociedad obsesionada con la 'limpieza de sangre'. Se formó en la Universidad de Salamanca, auténtico crisol de saberes clásicos y modernos, y desarrolló una carrera como jurista en Talavera de la Reina, llegando a ejercer cargos municipales.

La formación jurídica de Rojas impregna la obra. Se percibe en la precisión del diálogo y en la exploración de los matices éticos y sociales de los personajes. Además, su conocimiento de autores clásicos como Séneca y Ovidio, así como de Petrarca y las nuevas corrientes humanistas, se refleja en la profundidad psicológica de las figuras centrales y en el tono escéptico y desencantado de la narración. Aunque durante siglos se debatió la autoría de la obra, hoy la crítica coincide en atribuir a Rojas la casi totalidad del texto y el mérito de haber dado forma a una obra compleja y monumental.

Los personajes y su dimensión social y moral

*La Celestina* es célebre por la viveza de sus personajes, que trascienden cualquier esquema maniqueo. Ninguno de ellos es enteramente bueno o malo; todos se ven arrastrados por fuerzas tan universales como el deseo, la codicia o el miedo.

Calisto: pasión y tragedia

Calisto, joven noble, es ejemplo de un amor tan absoluto como egoísta y obsesivo. Es incapaz de gobernar sus propias pasiones; no ve a Melibea como una persona, sino como un objeto de deseo. Esta ceguera conduce, inevitablemente, a la desgracia. Representa a la juventud impulsiva que, desconectada del sentido común, convierte el amor en enfermedad y acaba víctima de sí mismo.

Melibea: honor, deseo y tragedia femenina

Melibea, inicialmente el arquetipo de la doncella recatada, se transforma progresivamente, vencida por la insistencia de Calisto y los artilugios de la vieja alcahueta. Su suicidio final es uno de los momentos más crudos de la literatura española: incapaz de soportar la culpa y la pérdida del honor —valor supremo en la sociedad de la época—, opta por la muerte como único escape. Muchos han visto en Melibea un precedente de la mujer moderna, consciente de sus deseos pero también víctima implacable de las normas sociales.

Celestina: el arte de sobrevivir en la marginalidad

Sin duda, el personaje más fascinante es la propia Celestina. Vieja, sabia en los asuntos del amor y maestra del engaño, Celestina representa la marginalidad absoluta: ni noble ni completamente plebeya, capaz de moverse entre clases y usar la magia, la religión y la psicología según conveniencia personal. Simboliza la corrupción, la hipocresía social y la pervivencia de viejos conocimientos —la herencia de una cultura popular casi perseguida por el nuevo orden inquisitorial. La muerte de Celestina a manos de sus propios cómplices otorga a la obra un giro de justicia trágica, sin redención posible.

Criados y prostitutas: voces del pueblo y motores del drama

Los criados, Sempronio y Pármeno, ejemplifican otros tipos humanos. El primero es puro pragmatismo y codicia; el segundo, más inocente y ético, acaba siendo degradado por el ambiente corrupto. Junto a ellos, Areúsa y Elicia, prostitutas con sueños frustrados y aspiraciones de venganza, dotan a la obra de una perspectiva indispensable: la de aquellos que están al margen, que solo pueden sobrevivir en un mundo hostil a base de ingenio, compromiso y, en ocasiones, violencia.

Temas centrales: amor, moral y destino

*La Celestina* gira en torno a varios ejes temáticos que han conservado su vigencia.

- El amor y la pasión: Lejos del amor cortés medieval, en esta obra el amor es vida y muerte, impulso ciego que arrastra a la autodestrucción. El deseo se impone sobre la razón, y todos los personajes quedan atrapados en sus redes. La visión del amor es así profundamente pesimista y desencantada, algo que conecta con el pensamiento de su tiempo pero también con las grandes tragedias universales.

- La moralidad y la hipocresía: En la obra, la moral pública es solo fachada. Los personajes actúan movidos por intereses propios, y la religión aparece como instrumento, nunca como guía auténtica. Celestina se hace pasar por beata sin creer en nada. La hipocresía social es uno de los blancos predilectos de Rojas.

- La lucha de clases y la corrupción social: La frontera entre nobles, criados y marginados aparece nítida, pero es posible cruzarla a través de la astucia, la mentira, o el dinero. La codicia, la traición y el egoísmo son motores principales de la acción y auténticos identificadores de la sociedad representada.

- La fatalidad trágica: La obra está presidida por un destino inevitable; las decisiones personales y las cadenas de errores conducen a la destrucción de todos los implicados. El tono trágico no es redentor: la muerte de Celestina, el suicidio de Melibea y la ruina de los criados subrayan la dureza y la falta de consuelo en el mundo de la obra.

Estructura y estilo literario

Original en su forma, *La Celestina* desborda los moldes clásicos. Su desarrollo en diálogo puro —sin indicaciones teatrales, sin división clara en actos— la coloca en una posición intermedia entre el drama y la novela dialogada, muy alejada de lo que después será el teatro barroco de Lope de Vega o Calderón. El lenguaje es otro de sus grandes aportes: mezcla lo culto y lo vulgar, transita por refranes, latinismos, maldiciones y fórmulas populares, retratando con veracidad todas las capas sociales de la época.

La riqueza lingüística —estudiada, por ejemplo, por el filólogo Rafael Lapesa— convierte cada línea en un espacio de verdad humana. Desde los soliloquios desesperados de Melibea hasta el cinismo de Sempronio o los dobles sentidos de Celestina, el texto pone en juego recursos propios de las obras más innovadoras de la literatura europea, anticipando el realismo de autores como Cervantes o Mateo Alemán.

Recepción, legado e impacto cultural

La repercusión de *La Celestina* fue inmediata: gozó de un éxito extraordinario, conoció múltiples ediciones y tradujo debates sobre su moralidad y su peligrosidad para los jóvenes lectores. Autores como Cervantes la admiraron y, posteriormente, la picaresca y el teatro barroco no serían comprensibles sin su influencia. Los personajes de Celestina y Melibea se convirtieron en arquetipos, e incluso hoy su nombre se asocia, en el habla popular, con personas que median en asuntos amorosos de manera poco ortodoxa.

Las interpretaciones modernas han enriquecido su estudio: desde miradas psicoanalíticas sobre el deseo y la frustración, a enfoques feministas sobre la agencia y el castigo de Melibea, o lecturas socioeconómicas sobre la España del cambio de siglo y la emergencia de nuevos valores. *La Celestina* ha sido llevada al teatro —por ejemplo, por Adolfo Marsillach en el siglo XX—, al cine, y reinterpretada en la novela contemporánea y la cultura popular.

Conclusión

En definitiva, *La Celestina* es más que un texto literario: es un documento vital, inquietante, en el que Rojas condensa las contradicciones, deseos y miserias de una época y de un país. A través de sus personajes y situaciones nos habla del amor y su fatalidad, de la hipocresía y la lucha de clases, del peso insoportable del destino, y lo hace con una intensidad y una modernidad que la mantienen viva y plenamente vigente. Fernando de Rojas, al ofrecer este retrato sin concesiones de la sociedad española, se alzó como uno de los grandes innovadores de la literatura universal y precursor del realismo moderno.

Referencias recomendadas

- *La Celestina*, edición comentada por José Luis Canet. - Rafael Lapesa, *Historia de la lengua española*. - Dorothy Severin, *Fernando de Rojas y el mundo de La Celestina*. - Marcelino Menéndez Pelayo, *Historia de las ideas estéticas en España*. - Francisco Rico, *La novela picaresca y el punto de vista*.

Estas obras, entre otras, permitirán profundizar en las múltiples dimensiones de *La Celestina*, su autor y su legado en la cultura hispánica.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuál es la importancia de La Celestina en la literatura española de finales del siglo XV?

La Celestina marca el final de la Edad Media y anuncia el Renacimiento en la literatura española, mostrando nuevas preocupaciones humanas y sociales.

¿Cómo refleja Fernando de Rojas la sociedad de España a finales del siglo XV en La Celestina?

Rojas presenta una sociedad en crisis, con profundas tensiones religiosas, sociales y morales, a través de personajes complejos y realistas.

¿Qué características tiene La Celestina según el análisis para ESO y Bachillerato?

La Celestina es una obra entre el drama y la novela dialogada, rica en personajes y preocupación psicológica, que trasciende la literatura medieval.

¿Qué contexto histórico rodea a La Celestina y a Fernando de Rojas?

La obra surge tras la Reconquista, con el auge de los burgueses, la Inquisición y tensiones entre cristianos viejos y conversos en España.

¿Cómo influyó la formación de Fernando de Rojas en La Celestina?

Su formación jurídica y humanista aporta precisión en los diálogos, profundidad psicológica y una visión ética y social compleja a la obra.

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