Centrada en la 1ª objeción: ¿Por qué sigue existiendo el mal en el mundo?
Este trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 3.02.2026 a las 17:52
Tipo de la tarea: Disertación
Añadido: 2.02.2026 a las 8:56
Resumen:
Descubre por qué sigue existiendo el mal en el mundo según Santo Tomás y San Agustín y su impacto en la filosofía y conflictos actuales.
A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado explicaciones a la existencia del mal en el mundo. Uno de los enfoques más relevantes surge de la teodicea, el intento de reconciliar la existencia de un Dios benévolo y todopoderoso con la presencia del mal. Santo Tomás de Aquino, en su obra Summa Theologica, aborda este debate crucial al presentar la paradoja que implica que si Dios es el bien infinito, entonces la existencia del mal parecería incompatible con su naturaleza. Según este argumento, si el mal existe, Dios no puede ser el bien supremo y omnipresente.
En su análisis, Santo Tomás expone una objeción lógica: si Dios es omnipotente y absolutamente bueno, la existencia del mal debería ser imposible. Sin embargo, el reconocimiento de la presencia innegable del mal en todas las esferas de la vida sugiere, en un análisis superficial, la incompatibilidad con la idea de un Dios completamente benévolo.
La respuesta de Santo Tomás a este dilema se apoya en la teología de San Agustín de Hipona. San Agustín plantea que el mal no es una entidad autónoma, sino que se entiende como una privación o ausencia del bien. Bajo esta luz, algunos males que experimentamos pueden estar justificados por los bienes que de ellos pueden surgir a largo plazo. Así, el mal sería instrumental en la consecución de un bien mayor, una visión que intentaba reconciliar la existencia de un Dios benévolo con el sufrimiento humano.
Este marco teórico ha sido retomado y adaptado por diversos líderes políticos y sociales para justificar acciones que, a pesar de causar sufrimiento, se presentan como pasos necesarios para alcanzar mayores bienes o metas. Por ejemplo, la política de Rusia en Ucrania y la intervención israelí en Gaza son situaciones actuales donde las entidades justifican sus acciones, que resultan en sufrimiento humano, bajo el pretexto de alcanzar la paz y la seguridad a largo plazo.
En Ucrania, el gobierno ruso ha enmarcado su invasión como una operación necesaria para enfrentar amenazas y seguridad nacional. Argumentan que este conflicto es un mal necesario para asegurar la estabilidad de la región y salvaguardar los intereses rusos. Sin embargo, esta visión conlleva la demolición de la soberanía de Ucrania, la devastación económica y la pérdida de miles de vidas inocentes.
De manera similar, las acciones israelíes en la Franja de Gaza se justifican por las autoridades como necesarias para proteger la seguridad nacional y mantener la estabilidad regional. Israel argumenta que su intervención es esencial para eliminar amenazas terroristas y crear un ambiente seguro para sus ciudadanos. No obstante, estas medidas han resultado en un sufrimiento considerable para la población civil palestina, aumentado la tensión y la inestabilidad en la región.
Estos ejemplos contemporáneos plantean preguntas éticas fundamentales sobre la justificación del mal en nombre de un bien mayor. Aunque desde una perspectiva filosófica o teológica, el argumento podría tener cierta lógica, su aplicación práctica suele envolver motivaciones políticas que recurren al mal de manera conveniente y estratégica. Así, la valoración sobre si realmente se persigue un bien mayor queda en entredicho.
La aplicación de este razonamiento demuestra cómo una teoría destinada originalmente a defender un marco teórico-teológico puede ser manipulada para fines pragmáticos y políticos. Lo que en un contexto puede parecer un bien mayor puede no serlo para quienes sufren directamente las consecuencias del mal infligido. El análisis crítico de estos casos destaca la dificultad de discernir la auténtica naturaleza de las intenciones y las consecuencias prácticas de acciones que se justifican en nombre del bien.
De esta manera, el enfoque de Santo Tomás sobre el mal ofrece un campo fértil para la reflexión ética, resaltando la necesidad de examinar cómo se utilizan las teorías abstractas en contextos concretos de poder. La atención a los fines y los medios empleados, junto con sus verdaderos impactos humanos, es esencial para discernir si los bienes invocados para justificar el mal son legítimos o, más bien, una simple racionalización de acciones motivadas por intereses políticos concretos. Esta cuestión invita a una constante vigilancia ética y moral para evitar la perpetuación de injusticias en nombre de bienes mayores ambiguamente definidos.
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