Ensayo

Evolución de la monarquía borbónica y el Estado moderno en España hasta 1789

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 15.01.2026 a las 18:23

Tipo de la tarea: Ensayo

Resumen:

La monarquía borbónica centralizó y modernizó España, impulsando reformas ilustradas, pero dejó sin resolver profundas desigualdades y crisis.

Monarquía borbónica: las nuevas bases del Estado y su evolución hasta 1789

---

La llegada de la Monarquía borbónica al trono español marca un antes y un después en la historia moderna de España. A finales del siglo XVII, tras la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700, último rey de la Casa de Austria, el país se encontraba en una profunda encrucijada tanto política como territorial. El testamento a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, supuso la ruptura del frágil equilibrio europeo y el estallido de la Guerra de Sucesión española: un conflicto que no solo decidiría el futuro de la Corona, sino también el de un inmenso imperio en decadencia.

El objetivo de este ensayo es analizar cómo la instauración de la dinastía borbónica supuso una transformación radical del modelo político y administrativo español, fomentando la centralización y sentando las bases de lo que empezaría a perfilarse como el Estado moderno. A su vez, se examinarán las reformas internas, la política exterior y la forma en que la Ilustración iluminó y limitó la evolución social, económica y cultural del país, hasta desembocar en la crisis de 1789, preludio de convulsiones más profundas.

---

I. La Guerra de Sucesión Española y la instauración de los Borbones

La muerte de Carlos II sin herederos directos aceleró una crisis sucesoria de alcance internacional. El testamento del monarca, influido por la presión francesa, designaba a Felipe de Anjou como heredero, miembro de la Casa de Borbón. Sin embargo, las potencias europeas veían con suspicacia la posible unión de las coronas francesa y española bajo un mismo linaje, ya que ello alteraría el equilibrio de fuerzas entonces vigente.

Dos candidatos se erigieron como principales pretendientes al trono: por un lado, Felipe de Anjou, respaldado por el poder militar y diplomático de Francia; por otro, el archiduque Carlos de Austria, apoyado por Inglaterra, Holanda, Austria y Portugal. Este enfrentamiento desembocó en la Guerra de Sucesión española, un conflicto bélico que, además de afectar al continente europeo, tuvo consecuencias directas dentro de España, dividiendo al país entre austracistas (especialmente en los territorios de la antigua Corona de Aragón) y borbónicos (predominantemente en la Corona de Castilla).

La guerra finalizó en 1713 con la firma de los Tratados de Utrecht y Rastadt. Felipe V fue reconocido como rey de España, aunque renunció formalmente a sus derechos sucesorios sobre la Corona francesa para evitar la tan temida unión dinástica; aun así, España tuvo que ceder territorios estratégicos como Gibraltar y Menorca a Inglaterra, y perder posesiones en Europa (Flandes, Nápoles, Sicilia, Cerdeña). Este reequilibrio consolidó la supremacía inglesa y supuso la primera señal de que España ya no era la potencia hegemónica del continente.

La instauración de la dinastía borbónica, nacida de la guerra y los pactos internacionales, fue una oportunidad y, al mismo tiempo, la necesidad de redefinir desde sus cimientos el Estado español.

---

II. Las reformas borbónicas: bases del nuevo Estado unificado

El reinado de Felipe V, y especialmente el de sus sucesores Fernando VI y Carlos III, supuso una profunda transformación del sistema político-administrativo. El objetivo era terminar con el mosaico de privilegios y derechos forales que caracterizaba la monarquía de los Austrias, acercándose al modelo centralista francés.

Uno de los proyectos reformistas más significativos fueron los Decretos de Nueva Planta (1707-1716), que eliminaron la autonomía y particularismos de los reinos de la Corona de Aragón (Aragón, Valencia, Cataluña, Mallorca), imponiendo las leyes, instituciones y lengua de Castilla. Con ello se suprimieron las cortes locales, la diversidad jurídica, los fueros y, progresivamente, se fueron desmontando los sistemas de gobierno separados. Solo Navarra y el País Vasco mantuvieron parte de sus fueros, por razones estratégicas. Así, la homogeneización administrativa sirvió a la Corona para reforzar el principio absolutista: “el rey reina y gobierna”, como diría posteriormente Carlos III, citando a los monarcas franceses.

En la administración central, el modelo polisinodial de los Austrias fue sustituido por Secretarías de Estado y Despacho de carácter unipersonal y especializado (Hacienda, Justicia, Indias, Estado...), semejantes a los ministerios actuales. El Consejo de Castilla se erigió como el máximo órgano consultivo, ocupando un papel central junto con las Secretarías. Por su parte, las Cortes castellanas perdieron su contenido político efectivo, quedando relegadas a actuaciones simbólicas como el juramento del príncipe heredero.

Paralelamente, la división territorial se simplificó al establecimiento de provincias gobernadas por capitanes generales, y se intentó fortalecer la autoridad local en municipios y alcaldías de barrio, con la figura del corregidor. Ellos se encargaban de funciones como el mantenimiento del orden público, la regularización de abastecimientos y la elaboración de censos y ordenanzas.

En lo social y económico, la España borbónica heredó una estructura anacrónica: predominio absoluto del campo sobre la ciudad, baja productividad agrícola por usos tradicionales y mala distribución de la propiedad (mayorazgos, manos muertas eclesiásticas), además de una nobleza y clero que mantenían sus exenciones fiscales. El pueblo llano, sin derechos políticos, soportaba el peso del esfuerzo fiscal, mientras un incipiente comercio e industria apenas podía desarrollarse frente a la competencia extranjera y el control estatal.

---

III. Política exterior borbónica hasta 1789

Desde Felipe V, la política exterior española osciló entre la recuperación de antiguas posesiones y la búsqueda de nuevas alianzas para asegurar los intereses dinásticos y nacionales. De especial relevancia fue la influencia de Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, decidida a obtener tronos italianos para sus hijos. Con el cardenal Alberoni al frente, España desafió la Cuádruple Alianza constituida por Inglaterra, Francia, Holanda y Austria: el resultado fue un fracaso militar y diplomático que obligó a Alberoni a dimitir.

El giro vino de la mano de José Patiño, que reorientó la política diplomática española, buscando actuar en alianzas y no en solitario. Así, los acuerdos conocidos como Pactos de Familia entre España y Francia pretendieron fortalecer e internacionalizar el poder de los Borbones: el primer pacto aseguró a Carlos, hijo de Felipe V, los ducados de Parma y Toscana, mientras que el segundo (bajo Carlos III) recuperó territorios y consolidó la presencia en el sur de Italia (Nápoles y Sicilia).

Bajo Fernando VI, el gobierno intentó mantener cierta neutralidad y priorizar la reconstrucción interna. No obstante, la amenaza constante de Inglaterra sobre América y el Mediterráneo forzó el regreso a la diplomacia de bloques. Carlos III firmó el tercer Pacto de Familia (1761), entrando en guerra contra Inglaterra en la que se perdieron y recuperaron plazas como La Habana y Manila. Se firmaron tratados comerciales y de paz con Marruecos, Túnez y Argel (ministro Floridablanca), y España apoyó discretamente la independencia de las Trece Colonias en América, recuperando después Menorca y la Florida.

La Revolución Francesa (1789) supuso un grave desafío para la política exterior española. El estallido revolucionario provocó alarma en la corte de Carlos IV, que cerró fronteras, endureció la censura y se alineó con las potencias absolutistas para frenar el contagio revolucionario. Esta actitud evidenció la tensión entre el deseo de estabilidad y el miedo a los cambios que pronto sobrevendrían.

---

IV. La Ilustración en España: impacto en economía, sociedad y cultura

El siglo XVIII en España estuvo iluminado, aunque de manera desigual, por las luces de la Ilustración, un movimiento intelectual nacido originalmente en Gran Bretaña y Francia y cuyos principios buscaron modernizar el Antiguo Régimen mediante la razón, la crítica y el progreso. Inspirados por los escritos de Locke (“El hombre es dueño de su propio destino”), Rousseau (“El hombre ha nacido libre...”), Hume o Montesquieu (“El poder debe estar limitado y dividido”), un relevante grupo de ministros, nobles y funcionarios abogó por reformas profundas pero cautas, conscientes de que el avance requería el apoyo real y no una destrucción súbita del sistema.

La Ilustración española, sin embargo, fue un fenómeno minoritario, impulsado por el alto funcionariado y el propio monarca (absolutismo ilustrado). Carlos III, verdadero “rey filósofo”, rodeado de colaboradores como Grimaldi, Esquilache, Aranda, Campomanes y Floridablanca, enfatizó la labor reformista en tres ejes: el Estado, la economía y la cultura.

El impulso cultural fue especialmente relevante. Se transformaron planes de estudio y se potenció la enseñanza práctica, científica y técnica, fundándose instituciones como la Real Academia Española, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Real Sociedad Económica de Amigos del País o la emblemática Academia de Artillería de Segovia. La educación fue entendida como la palanca del progreso, impulsando la renovación universitaria y la difusión del saber racionalista a través de la Biblioteca Real, los jardines botánicos, museos y gabinetes de curiosidades.

En lo social y económico, la acción ilustrada propició planes de modernización agraria (desamortización de tierras), desarrollo de la industria (reales fábricas, consulado de comercio), promoción de nuevas ciencias y técnicas (botánica, minería, hidráulica), así como innovaciones fiscales. Sin embargo, el modelo tenía límites evidentes: la ausencia de una burguesía potente, el peso de los privilegios feudales y eclesiásticos, y la descomunal desigualdad social frenaron la extensión de los ideales ilustrados.

Inspirados por Montesquieu y Rousseau, algunos ilustrados españoles como Jovellanos defendieron reformas moderadas dentro de los límites del absolutismo y el sistema estamental. Así, proyectaron la imagen de una “monarquía reformista” que mejoraba la vida del país a través del paternalismo estatal, pero nunca cuestionaba el orden tradicional de poder. La realidad, sin embargo, era un país en el que las luces y las sombras de la razón y el privilegio convivían a duras penas.

---

V. El reinado de Carlos IV y el impacto de la Revolución Francesa

La muerte de Carlos III en 1788 y la llegada de Carlos IV coincidió con la explosión revolucionaria en Francia. El pánico se apoderó de las élites, que veían en los acontecimientos del país vecino la amenaza directa a sus privilegios y la posible extensión de la violencia.

El gobierno de Floridablanca decretó el cierre de fronteras, la severa censura de las publicaciones y el control exhaustivo sobre las universidades para evitar cualquier propagación de ideas subversivas. Pero la sociedad española estaba ya profundamente dividida: los ilustrados defendían una moderada apertura y reformas, mientras que la mayor parte del clero y la nobleza temían cualquier tipo de cambio que pudiera alterar su posición.

La guerra estalló en 1793: España, aliada de Inglaterra y Austria, combatió contra la Francia revolucionaria en la llamada *Guerra de la Convención*, con resultados costosos. Floridablanca fue reemplazado por Godoy, que firmó la Paz de Basilea (1795), perdiendo temporalmente la parte española de La Española (Santo Domingo), y buscó luego aliarse con la propia Francia mediante el Tratado de San Ildefonso (1796), lo que arrastró a España a guerras con Inglaterra y Portugal (Guerra de las Naranjas, 1801).

En el plano interno, la crisis se agudizó: la economía agrícola sufrió malos años de cosechas, los precios subieron vertiginosamente mientras los salarios se estancaban, las finanzas estatales se vieron sobrecargadas y el comercio exterior colapsó, especialmente tras las derrotas navales ante Inglaterra.

La sociedad española, empobrecida e insatisfecha, empezaba a ser consciente de la inviabilidad de un sistema absolutista que se presentaba como ilustrado, pero que arrastraba carencias estructurales y resistencias insalvables. El final del siglo XVIII cristalizó así un período de crisis y transición que anticipaba las convulsiones del XIX.

---

Conclusión

La monarquía borbónica representó, desde su implantación tras la Guerra de Sucesión, un ambicioso intento de reconstruir y modernizar el Estado español. Desde los Decretos de Nueva Planta al control centralista de la administración, pasando por reformas económicas y culturales promovidas bajo la égida de la Ilustración, los Borbones buscaron fortalecer un país debilitado y descentralizado tras el siglo de los Austrias.

A pesar de los avances —especialmente bajo Carlos III y su generación de ministros ilustrados—, los límites de la sociedad española (ausencia de una burguesía fuerte, pervivencia del poder nobiliario y eclesiástico, desigualdades y crisis económica) impidieron una modernización plena. La Ilustración iluminó reformas y nuevos valores, pero no rompió el marco esencial del Antiguo Régimen.

El estallido de la Revolución Francesa y el reinado de Carlos IV aceleraron la crisis estructural: hacia 1789, España se encontraba en una encrucijada, con un Estado en crisis, el absolutismo ilustrado agotado y una sociedad que, aunque todavía contenida, comenzaba a demandar cambios de fondo. La monarquía borbónica, en definitiva, fue un proceso de transición incompleta, cuyos avances y limitaciones explicarían las convulsiones políticas, sociales y dinásticas del siglo XIX español, del que la Constitución de Cádiz de 1812 sería el primer ensayo de un cambio mucho más radical.

Así, el reinado borbónico hasta 1789 debe entenderse como un laboratorio de ensayo modernizador que, por sus propias contradicciones internas, anticipó la caída del Antiguo Régimen y el inicio de la España contemporánea.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

Resumen de la evolución de la monarquía borbónica en España hasta 1789

La monarquía borbónica transformó el Estado español, centralizando el poder y promoviendo reformas ilustradas que no lograron modernizar completamente la sociedad, desembocando en una crisis a finales del siglo XVIII.

Cuáles fueron los principales cambios políticos con la monarquía borbónica hasta 1789

Se implantó una administración centralizada, se suprimieron privilegios forales con los Decretos de Nueva Planta y se crearon órganos modernos como Secretarías de Estado, consolidando el absolutismo real.

Cómo influyó la Ilustración en la monarquía borbónica y el Estado moderno

La Ilustración impulsó reformas educativas, culturales y económicas moderadas, pero el peso de los privilegios y la desigualdad frenó una modernización total del Estado y la sociedad.

Por qué es importante la guerra de Sucesión en la evolución del Estado moderno español hasta 1789

La Guerra de Sucesión permitió la llegada de los Borbones, quienes reformaron profundamente la estructura política y administrativa, sentando las bases del Estado moderno español.

Diferencias entre la monarquía borbónica y la de los Austrias hasta 1789

Mientras los Austrias mantenían una monarquía compuesta y descentralizada, los Borbones implantaron un sistema centralista y homogéneo inspirado en el modelo francés, debilitando autonomías locales.

Escribe por mí un ensayo

Evalúa:

Inicia sesión para evaluar el trabajo.

Iniciar sesión