Ensayo

Evolución política en España durante el reinado de Isabel II

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 15.01.2026 a las 20:40

Tipo de la tarea: Ensayo

Resumen:

Durante el reinado de Isabel II, España transitó del absolutismo al liberalismo entre guerras, crisis sociales y reformas políticas decisivas.

Vida política durante el reinado de Isabel II

A la muerte de Fernando VII en 1833, España se sumió en una profunda convulsión política y social que marcaría todo el siglo XIX. El acceso al trono de Isabel II, apenas una niña en ese momento, significó mucho más que la simple sucesión de una monarca: fue el detonante de un largo y conflictivo proceso de transición entre el absolutismo y el liberalismo. El reinado de Isabel II, que se extendió entre 1833 y 1868, estuvo marcado por guerras civiles, experimentos constitucionales, alternancia de regímenes políticos, profundas transformaciones sociales y el surgimiento de nuevos protagonistas en la vida pública española.

Bajo su reinado, España vio consolidarse los cimientos de un Estado liberal, aunque frágil, inestable y frecuentemente incapaz de integrar a todos los sectores de la sociedad. Este ensayo pretende recorrer la evolución política de España a lo largo de estos años, deteniéndose tanto en los grandes hitos institucionales como en las luchas internas, la pluralidad de corrientes e instituciones y las consecuencias sociales de la pugna por definir el modelo político del país, con referencias tanto a personajes históricos españoles como a manifestaciones culturales propias de la época.

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I. El origen de la crisis: la sucesión y la Guerra Carlista

La vida política durante el reinado de Isabel II estuvo profundamente marcada desde el inicio por la disputa sucesoria. La Pragmática Sanción de 1830, firmada por Fernando VII, permitía reinar a una mujer, derogando la Ley Sálica, lo que excluía a las mujeres del trono. Al fallecer el monarca, una parte significativa de la sociedad, especialmente en las zonas más tradicionales, se agrupó en torno a la figura de Don Carlos, hermano del difunto rey y defensor del viejo orden, dando origen a la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

Los carlistas defendían la tradición, los fueros y el orden social anterior a la revolución liberal, hallando gran apoyo en territorios como el País Vasco, Navarra y parte de Cataluña, donde la defensa de los fueros era vista como una defensa cultural e identitaria. Por el contrario, los isabelinos, sustentados por liberales y apoyos urbanos, encarnaban el deseo de modernización y centralización política.

El conflicto no fue sólo militar sino también ideológico. Las novelas de Benito Pérez Galdós, como "Zumalacárregui", recogen ese mosaico de tensiones y contradicciones: el antiguo régimen rural y clerical frente al nuevo Estado centralizador y liberal. El Convenio de Vergara (1839) puso fin oficialmente a la guerra, permitiendo la integración de muchos mandos carlistas en el ejército liberal, pero las heridas ideológicas y regionales persistieron mucho más allá.

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II. La gestación del Estado liberal: reformas y tensiones durante las regencias

Durante la minoría de edad de Isabel II, las regencias de María Cristina y Espartero impulsaron reformas fundamentales, pero también evidenciaron las limitaciones del nuevo modelo. Bajo el impulso de figuras como Javier de Burgos, se acometió la división provincial, base del sistema administrativo vigente hoy, buscando la homogeneización del territorio frente a los particularismos forales. Se crearon gobernadores civiles y se dio un marco a la organización modernizadora del Estado.

No obstante, el liberalismo español no era monolítico: moderados y progresistas defendían ideas contrapuestas sobre la soberanía, la extensión de los derechos y el alcance de la reforma. El Estatuto Real de 1834, de carácter marcadamente conservador, concedía ciertos derechos pero mantenía amplias prerrogativas en la Corona, lo que enervó a los sectores más avanzados, que reclamaban soberanía nacional y mayores libertades. El testimonio literario de José de Espronceda, con poemas como "El estudiante de Salamanca", muestra el espíritu rebelde y confrontativo de la juventud de la época.

En el plano económico, la primera gran desamortización, llevada a cabo por Mendizábal (1836), vendió tierras de la Iglesia para sanear la deuda pública y fortalecer a la nueva burguesía, aunque supuso un impacto negativo en las comunidades rurales y una fractura con los sectores eclesiásticos. Así, el liberalismo avanzó, pero generó nuevos conflictos.

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III. La Regencia de Espartero y la inestabilidad creciente

De 1840 a 1843 dominó la figura de Espartero, un caudillo militar al que muchos veían como salvador. Su popularidad entre las clases populares y sectores progresistas fue proporcional a la desconfianza que despertaba entre la aristocracia y los moderados. Durante su regencia se ensayaron reformas liberales más avanzadas, pero la falta de consenso y la contestación social, especialmente la revuelta de Barcelona y las protestas campesinas, minaron su poder.

El bombardeo de Barcelona en 1842, ordenado por Espartero para sofocar un levantamiento, fue ampliamente criticado y mostró los límites de la política del sable para resolver los problemas sociales. Finalmente, el desgaste político originó la restauración del régimen moderado bajo el liderazgo de Narváez, lo que condujo a la declaración de la mayoría de edad de Isabel con apenas 13 años, para evitar una nueva crisis regencial.

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IV. El reinado de Isabel II: liberalismo moderado y centralización

Entre 1843 y 1868 se vivió el reinado personal de Isabel II, aunque, en la práctica, fue una etapa dominada por los gobiernos moderados, con escasa alternancia política real y un marcado control de la vida pública. La Constitución de 1845 selló el dominio del liberalismo conservador, restringiendo el sufragio, limitando las libertades públicas y reforzando la autoridad de la Corona y del poder ejecutivo frente a las Cortes.

Se consolidaron instituciones de control social como la Guardia Civil, fundada en 1844 para garantizar el orden en el mundo rural y combatir el bandolerismo —un problema endémico en algunas regiones, como refleja la literatura costumbrista andaluza y los relatos de Fernán Caballero—. En el terreno fiscal, la reforma de Mon-Santillán de 1845 unificó la recaudación, sentando las bases de la hacienda moderna, aunque el peso de los impuestos siguió recayendo en las clases populares, acentuando la desigualdad.

El modelo del sufragio censitario, que sólo otorgaba derecho al voto a una minoría adinerada, limitó la participación política y alimentó el descontento entre la burguesía urbana y los sectores populares. En novelas como "La Regenta" de Clarín, se palpa el ambiente de hipocresía, caciquismo y limitación de derechos en la España del interior, reflejo de las contradicciones de la modernidad frustrada.

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V. Crisis, pronunciamientos y descomposición política (1854-1868)

La década de 1850 fue un tiempo de tensiones. El pronunciamiento de 1854, apoyado por Espartero y O'Donnell, abrió un paréntesis progresista que permitió avances como la desamortización civil de Madoz y el inicio del desarrollo ferroviario, modernizando la economía y potenciando la movilidad de personas y mercancías en regiones como Castilla o Cataluña. Sin embargo, la inestabilidad volvió: los gobiernos se sucedían, el ejército mantenía un papel político crucial y la vida parlamentaria era poco representativa.

El malestar social creció no sólo por la crisis económica de 1866, sino por la corrupción, los escándalos cortesanos y la falta de respuestas efectivas a los problemas de obreros y campesinos, cuyas primeras organizaciones iban emergiendo en contextos urbanos e industriales como el de Barcelona. El modelo autoritario del régimen, al tiempo que intentaba mantener el orden, sembraba las semillas del próximo conflicto, conforme aumentaban la protesta y la represión.

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VI. La Revolución de 1868: fin de una época

La llamada "Gloriosa" o Revolución de 1868 fue el resultado de la suma de crisis política, corrupción institucional y agravamiento de las condiciones sociales. Un amplio frente revolucionario, compuesto por progresistas, demócratas y unionistas, junto al protagonismo de militares como Prim y Serrano, derrocó a Isabel II y proclamó un gobierno provisional que instauró libertades nunca vistas hasta entonces: sufragio universal masculino, libertad de prensa, de reunión y libertad religiosa, recogidas en la Constitución de 1869.

La llegada de Amadeo I de Saboya fue el intento de coronar un modelo liberal y democrático en clave monárquica, pero la falta de apoyos sólidos, el conflicto carlista, el republicanismo y la división interna hicieron fracasar este experimento. La literatura del Realismo, como los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, explica con detalle las pasiones, desgarros y esperanzas de una sociedad en busca de identidad.

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VII. Movimientos sociales y transformación de la sociedad

El desarrollo económico desigual y el retraso industrial español, sobre todo en comparación con Europa, provocaron múltiples frustraciones y el nacimiento de movimientos obreros inspirados en el socialismo internacional, el anarquismo de Bakunin y el incipiente marxismo, articulados en ciudades como Madrid y Zaragoza ya a finales de la década de 1860. Las primeras huelgas, el antimaquinismo y la emergencia de sociedades obreras, si bien reprimidas con dureza, mostraban la entrada de España en la contemporaneidad social y política.

A la vez, nuevos actores políticos, como los republicanos federales y unitarios, comenzaron a ganar peso en la vida pública, introduciendo discursos de autonomía territorial y derechos sociales que, con altibajos, influirían en la historia política posterior.

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Conclusión

El reinado de Isabel II fue un periodo de transición complejo y decisivo, en el que España pasó de ser una monarquía absolutista a un Estado liberal. La continua batalla entre tradición y modernidad, la alternancia entre regímenes autoritarios y aperturistas y los conflictos sociales in crescendo forjaron un país plural, pero aún profundamente dividido.

Más allá de los vaivenes de la política y los pronunciamientos, la época de Isabel II sentó las bases del Estado moderno español, pero también evidenció las debilidades y contradicciones de un sistema incapaz de integrar plenamente las demandas de una sociedad en transformación. La cultura, la literatura y las luchas sociales de este periodo siguen siendo referencias obligadas para entender la evolución política y la identidad plural de la España contemporánea. El legado de Isabel II, aunque discutido, es inseparable del proceso de modernización y de la búsqueda, aún hoy inacabada, de un modelo político inclusivo y estable.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuál fue la evolución política en España durante el reinado de Isabel II?

España pasó de una monarquía absolutista a un Estado liberal, aunque frágil y con constantes conflictos políticos y sociales.

¿Qué originó la crisis política en España durante el reinado de Isabel II?

La crisis surgió por la disputa sucesoria tras la muerte de Fernando VII, desencadenando la Primera Guerra Carlista y el enfrentamiento entre absolutistas y liberales.

¿Qué papel jugaron las guerras carlistas en la evolución política en España bajo Isabel II?

Las guerras carlistas reflejaron la lucha entre tradición y modernidad, marcando la política española con profundas divisiones regionales e ideológicas.

¿Cómo influyó el liberalismo moderado en la política española durante Isabel II?

El liberalismo moderado consolidó la centralización y limitó derechos políticos, estableciendo instituciones nuevas pero restringiendo la participación ciudadana.

¿Qué consecuencias sociales tuvo la evolución política en España durante el reinado de Isabel II?

Las reformas y conflictos políticos generaron desigualdades, impulsaron movimientos sociales y obreros, y acentuaron la división entre sectores tradicionales y modernizadores.

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