Ensayo

La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro: un canto a la vida y la memoria

approveEste trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 20.01.2026 a las 18:54

Tipo de la tarea: Ensayo

Resumen:

Descubre cómo La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro explora la vida, la memoria y el amor a través de un análisis profundo para estudiantes de ESO y Bachillerato.

La sonrisa etrusca: Un canto a la vida, la memoria y el amor en la obra de José Luis Sampedro

Introducción

En el panorama literario español contemporáneo, José Luis Sampedro ocupa un lugar destacado como escritor sensible y humanista, capaz de trazar en cada una de sus obras un puente entre la experiencia íntima y la reflexión colectiva sobre el destino humano. *La sonrisa etrusca*, publicada en 1985, es una de sus novelas más entrañables. Inspirada por la figura de un abuelo calabrés, la novela explora las complejidades emocionales de la vejez, la enfermedad y el proceso de morir, mostrando la profunda transformación que puede surgir del contacto intergeneracional, especialmente a través del amor entre un abuelo y su nieto. La sonrisa, símbolo evocador presente en el título y en la esencia del relato, se convierte así en una metáfora de la dignidad ante la adversidad y la luz que el afecto puede arrojar sobre las sombras de la existencia.

En este ensayo se analizará cómo, a través del drama vital de Salvatore Roncone, Sampedro articula temas tan universales como la familia, la muerte y la identidad cultural, proponiendo que el amor y la memoria son las fuerzas que confieren sentido último a la vida. El relato, lejos de ser un mero acto nostálgico, es una invitación a abrazar la fragilidad y la grandeza humanas desde la generosidad y la ternura.

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I. Contexto sociocultural y marco de la novela

Ambientada en la Italia de los años ochenta, *La sonrisa etrusca* retrata un país en plena transformación: las migraciones internas han llevado a que muchas familias del sur rural —concretamente desde Calabria, región natal de Salvatore— se trasladen al norte industrializado, buscando mejores condiciones de vida. Este contraste, tan vigente en la Italia real como en España (piénsese, por ejemplo, en la emigración de muchas generaciones del campo a las ciudades durante el franquismo y la Transición), se convierte en una poderosa herramienta narrativa en la novela.

Salvatore, hombre curtido en la vida campesina, ve Milán como un lugar ajeno y hostil; una urbe impersonal en la que la prisa, la eficiencia y el aislamiento diluyen los vínculos humanos. Lejos queda la atmósfera de camaradería y calor humano de Roccasera, su pueblo natal calabrés, donde la existencia estaba marcada por la solidaridad y la proximidad diaria. El choque cultural afecta de forma directa al protagonista, que se siente a la vez exiliado y desubicado, observador asombrado de costumbres y valores que no entiende ni comparte. Esta tensión entre tradición y modernidad tiene ecos en la literatura española, donde novelas como *La familia de Pascual Duarte* de Camilo José Cela o *Los santos inocentes* de Miguel Delibes también exploran la fractura emocional que surge de la distancia entre el pueblo y la gran ciudad.

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II. Análisis de personajes y relaciones humanas

Salvatore Roncone: vitalidad contra el abismo

El corazón de la novela es Salvatore, apodado Bruno: un hombre mayor, enfermo de cáncer, que se traslada a Milán para ser cuidado por su hijo y su nuera. Si bien su cuerpo está ya marcado por la decadencia, su carácter se resiste a la claudicación. Su lenguaje es áspero, irreverente y profundamente sincero, lo que revela tanto la rudeza de una vida dura como una dignidad inclaudicable. El lector asiste a su lucha interior entre el miedo a la muerte y el impulso de apurar la vida hasta el último aliento, así como a su deseo de legar a su nieto aquello que nunca pudo dar a su propio hijo: cariño, valores y dignidad. Como el Lazarillo de Tormes, Bruno es superviviente y luchador, pero también tierno y lúcido en sus confesiones.

La memoria es para él un refugio y un tormento: los recuerdos de la resistencia partisana, del amor perdido, de los ausentes, le acompañan en el tránsito del presente. Sampedro consigue retratar en Bruno no solo la fragilidad de la vejez, sino también su tremenda fuerza: la capacidad de amar, de reinventarse y de dignificarse a través de la entrega.

Brunettino: el nieto como motor de redención

El pequeño Brunettino es la encarnación de la esperanza y la continuidad, un niño de apenas meses que, ajeno al sufrimiento adulto, devuelve a su abuelo la ilusión y la potencia del afecto genuino. La relación entre Bruno y su nieto es el eje sobre el que gira la transformación del protagonista: a través del cuidado, el juego y la ternura, Salvatore redescubre la belleza y la sencillez de la vida. La palabra "nonno" —que resuena con fuerza emocional a lo largo de la obra— es mucho más que una referencia familiar: es la oportunidad de redimirse, de dar y recibir un amor purificado.

Muchos lectores españoles reconocerán aquí el papel estructural que abuelos y nietos desempeñan en nuestras familias: transmisores de sabiduría popular, cuentos y recuerdos, pero también de afecto y protección, como ya expresaron autores como Ana María Matute en *Primera memoria*.

Hortensia: amor en la estación final

La irrupción de Hortensia en la vida de Bruno supone una inesperada victoria del amor tardío. Ella es la responsable de recordarle que la vida puede ser hermosa incluso en el umbral de la muerte. Su relación, delicada y profunda, es también un acto de resistencia frente al desaliento y la desesperanza de la enfermedad. En Hortensia, Bruno halla el contrapunto tierno y vitalista que le reconcilia consigo mismo; la presencia de la mujer le humaniza aún más y encarna ese “resurgimiento” de la vida en el ocaso. Recuerda, guardando distancias, los amores inesperados que surgen en novelas como *El abuelo* de Benito Pérez Galdós, donde la vejez no es sinónimo de renuncia total.

Los secundarios: espejo de las generaciones

Los personajes periféricos —Renato, Andrea y Valerio— representan distintas posturas ante la vida moderna y la responsabilidad familiar. Renato, hijo del protagonista, lucha por compaginar carrera profesional y obligaciones domésticas, reflejando esas contradicciones tan propias de la generación de los años ochenta en España e Italia: el deseo de progreso choca, a menudo, con la pérdida de contacto humano que define muchos entornos urbanos. Andrea, nuera del protagonista, es el rostro de la incomprensión y también del esfuerzo por tender lazos. Valerio, por su parte, simboliza la vida cotidiana milanesa y el brillo de los afectos sencillos.

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III. Temas y símbolos fundamentales

Enfermedad y enfrentamiento a la muerte

El cáncer de Salvatore es la sombra que planea sobre todo el relato. La enfermedad, lejos de ser solo motivo de lástima, se manifiesta como condición de posibilidad para el crecimiento espiritual. El proceso de aceptación de la muerte es arduo: Bruno oscila entre el rechazo y la serenidad, entre el deseo de aferrarse a la vida y el reconocimiento de su final inevitable. Sampedro trata el tema con un humanismo descarnado, abordando la pregunta que todos, alguna vez, planteamos: ¿cómo morir dignamente? El hilo de la novela sugiere que la respuesta está en la intensidad del amor ofrecido y recibido. En este sentido, el libro dialoga con obras como *Cinco horas con Mario* de Delibes, donde la muerte se presenta como oportunidad para el balance vital y la autocomprensión.

Familia y transmisión de valores

El vínculo intergeneracional es un tema medular. En un contexto de cambio social, el abuelo se erige como último depositario de la memoria y los valores tradicionales: valentía, lealtad, ternura y, sobre todo, humanidad. Sampedro reivindica la importancia de cuidar a quienes nos preceden y de recibir de ellos no solo genética, sino orientaciones para la vida. Es una visión que se inscribe en la larga tradición mediterránea de respeto a la vejez, perdida en buena medida en la modernidad acelerada.

Identidad cultural y nostalgia

La nostalgia de la Calabria natal es más que un sentimiento: es la raíz del personaje y su anclaje emocional. Sus evocaciones de la tierra, los olores y sabores del sur, la presencia de animales y paisajes, están cargados de valor simbólico. Frente a la frialdad del Milán contemporáneo, el pueblo es para Bruno la representación del sentido. La distancia convierte la nostalgia en fuerza motriz: como Ulises, él también ansía volver a su Ítaca interior, aunque sea solo a través del recuerdo.

Humor y ternura como salvavidas

A pesar del dolor y la decadencia física, *La sonrisa etrusca* está marcada por un humor socarrón y una calidez que suavizan las sombras. La sonrisa, evocadora de las esculturas etruscas que parecen mirar la muerte con serenidad, es aquí aceptación y reafirmación de la vida. Como el Quijote ante la adversidad, Bruno encuentra en la ironía y la ternura la capacidad de resistir y de humanizar el sufrimiento.

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IV. Espacio y tiempo: entre dos mundos

El contraste espacial —la ciudad de Milán y la aldea de Roccasera— condiciona el modo de vida y de sentir de los personajes. El lector percibe cómo el hogar milanés, a pesar del confort material, es fuente de extrañeza y aislamiento para Salvatore, mientras que los retazos de memoria de Calabria son refugio y medicina. La casa familiar es escenario tanto de los conflictos como de los gestos de amor cotidiano.

Desde el punto de vista temporal, el presente se entrelaza con constantes incursiones en el pasado. Los recuerdos de guerra y juventud son, a la vez, lastre y consuelo: Sampedro emplea la memoria como recurso para construir la densidad psicológica del personaje principal y para subrayar el poder de la historia personal en la definición de la identidad.

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V. Estilo literario y técnicas

El relato adopta una perspectiva cercana, con un lenguaje sencillo y directo, que se alterna con momentos de lirismo y poesía. La focalización se centra en Salvatore, permitiendo al lector compartir sus emociones cambiantes, sus reflexiones o su sentido del humor, que muchas veces emerge como reacción casi instintiva ante el dolor. La ironía y la ternura son dos de las herramientas más eficaces del autor para rebajar el dramatismo y transformar la tragedia en esperanza compartida.

En comparación con otras novelas realistas españolas, Sampedro destaca por su capacidad de delinear personajes complejos valiéndose de pequeños detalles, silencios y miradas, como lo hacía Juan Marsé en *Últimas tardes con Teresa* o Carmen Laforet en *Nada*.

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VI. Relevancia social y legado

*La sonrisa etrusca* se ha consolidado como una obra de referencia tanto en España como en Italia, siendo abordada en institutos y universidades por su mensaje humanista y su actualidad. Habla de la familia, del miedo a la muerte y de la capacidad de amar hasta el último instante, temas universales presentes también en la cultura y sociedad españolas de hoy. Su lectura invita a repensar la relación con los mayores, la importancia de no dejarse arrastrar por la prisa moderna y la necesidad de mantener las raíces vivas.

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Conclusión

En definitiva, *La sonrisa etrusca* es mucho más que una novela sobre la vejez o la muerte: es un elogio de la ternura, la memoria y la dignidad. José Luis Sampedro, con maestría narrativa y una profunda sensibilidad, nos muestra que el tiempo no es solo enemigo, sino también la mejor oportunidad de amar, aprender y transformar la vida de los que nos rodean. La sonrisa que da título a la obra es, finalmente, la de quien enfrenta el final con coraje y gratitud, sabiendo que el verdadero sentido de la existencia está en el amor compartido y en la huella que dejamos en quienes vienen detrás.

Leer *La sonrisa etrusca* es, por tanto, una invitación a vivir con plenitud, a reconciliarnos con la fragilidad y a no dejar de sonreír, incluso ante las pruebas más duras de la vida. Nadie termina igual después de acompañar a Salvatore Roncone en su viaje: como la mejor literatura, nos transforma, nos emociona y, sobre todo, nos enseña a mirar de frente la vida y la muerte.

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Apéndice: Breve nota sobre el autor

José Luis Sampedro (1917-2013) fue economista, profesor y novelista. Su obra literaria, que incluye títulos como *El río que nos lleva* y *Octubre, octubre*, destaca por su mirada humanista, su defensa de la dignidad y su estilo sobrio. Sampedro fue un firme defensor de una sociedad más ética y compasiva, cualidades que laten en cada página de *La sonrisa etrusca*.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuál es el mensaje principal de La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro?

El mensaje principal es que el amor y la memoria otorgan sentido a la vida, especialmente ante la vejez y la muerte.

¿Cómo representa la memoria en La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro?

La memoria aparece como un puente entre generaciones, donde el pasado del protagonista en Calabria influye en su presente y en su relación con su nieto.

¿Qué papel juega la vejez en La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro?

La vejez se muestra como una etapa de vulnerabilidad y transformación, resaltando la resistencia vital y el deseo de transmitir valores.

¿Cómo se reflejan las diferencias culturales en La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro?

La novela contrapone la vida rural de Calabria, basada en la solidaridad, con el aislamiento y frialdad de la Milán urbana e industrial.

¿Por qué es importante la relación abuelo-nieto en La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro?

La relación abuelo-nieto encarna la transmisión de afecto y valores, permitiendo la redención emocional del protagonista y simbolizando esperanza.

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