Ensayo

Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual

Tipo de la tarea: Ensayo

Resumen:

Descubre los orígenes, rasgos e impacto social del fundamentalismo para comprender su influencia en la sociedad actual y el contexto global contemporáneo.

Fundamentalismos: Origen, características y su impacto en las sociedades contemporáneas

El término fundamentalismo es uno de esos conceptos que, aunque empleados con frecuencia en los medios de comunicación o en debates sociales, a menudo se malinterpreta o se simplifica en exceso. En su sentido más estricto, se refiere a aquellos movimientos —originalmente religiosos— que pretenden retornar a los fundamentos, es decir, a las raíces y principios considerados puros e inalterables de una fe o ideología. Sin embargo, el fundamentalismo ha trascendido el ámbito religioso para infiltrarse en terrenos políticos, culturales e incluso sociales. En el contexto educativo español, entender los fundamentalismos representa una tarea esencial, ya que la globalización ha incrementado nuestra exposición y sensibilidad ante estos fenómenos, especialmente en un país como España, que ha vivido tensiones históricas entre tradición y modernidad, así como entre la religión y el laicismo estatal.

El propósito del presente ensayo es desentrañar los orígenes y rasgos del fundamentalismo, deteniéndonos en el caso del fundamentalismo islámico, para luego analizar sus consecuencias en la sociedad contemporánea. Se abordarán ejemplos concretos y se pondrán en diálogo diferentes posturas, sin obviar que detrás de cada movimiento fundamentalista hay una pluralidad de matices, contradicciones internas y contextos particulares.

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I. Origen y definición del fundamentalismo religioso

El fundamentalismo religioso —como noción— hunde sus raíces en el protestantismo estadounidense de principios del siglo XX. En aquel entonces, ante la crítica racionalista, la evolución de las ciencias y los procesos de secularización, determinados cristianos optaron por una lectura literal y rígida de la Biblia. Publicaron una serie de panfletos bajo el título de “The Fundamentals”, abogando por un regreso a las verdades elementales del cristianismo. Con el tiempo, el término “fundamentalismo” se fue ampliando, de manera que los estudiosos de la religión han empezado a referirse con ese término a movimientos análogos, por ejemplo, en el judaísmo ortodoxo, el hinduismo y, por supuesto, en el islam.

Entre las características comunes del fundamentalismo religioso destacan el rechazo frontal a las corrientes modernas que se viven como amenazas a la integridad original de la fe; la presentación de los textos sagrados como única fuente legítima y absoluta, con una interpretación excluyente; la rigidez y minuciosidad moral, que regula los aspectos de la vida personal y comunitaria; y la visión maniquea del mundo, donde solo cabe el bien (nosotros) frente al mal (ellos). Pienso, por ejemplo, en la obra literaria “La catedral del mar” de Ildefonso Falcones, donde se retrata el poder normativo de la Iglesia en la Barcelona medieval, aunque sin ser fundamentalista en sentido estricto, sí refleja las pulsiones de control social a través de la moral religiosa.

No obstante, los fundamentalismos no son homogéneos. El cristianismo evangélico, el judaísmo haredí, el integrismo hindú o el islamismo comparten el recurso a la tradición, pero difieren en sus métodos, grados de expansión y relación con el poder político.

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II. El fundamentalismo islámico: movimientos y divisiones internas

Al abordar el fundamentalismo en el islam, es indispensable considerar su contexto histórico. El auge de los movimientos fundamentalistas musulmanes no puede divorciarse de la resistencia frente a la colonización europea, la posterior dominación política y económica de potencias occidentales, la pérdida de los valores tradicionales a causa de la modernización forzada y, en definitiva, una crisis de identidad colectiva.

Las grandes divisiones internas del islam, en especial la que separa a suníes y chiíes, tienen una importancia capital en la conformación de los distintos fundamentalismos. La escisión, surgida tras la muerte del profeta Mahoma por discrepancias sucesorias, ha dado lugar a sensibilidades religiosas y políticas diversas: mientras que el sector suní representa hoy en día la mayoría y suele poner énfasis en la comunidad y la jurisprudencia, el chiísmo ha evolucionado con una marcada dimensión política y mesiánica. Irán, tras la revolución de 1979, se convirtió en el referente mundial del fundamentalismo chiíta, con su sistema de gobierno teocrático liderado por juristas religiosos.

Por otro lado, los Hermanos Musulmanes surgieron en Egipto en 1928, impulsados por Hassan al-Banna, y constituyen uno de los movimientos más influyentes y extendidos del islam político suní. Han defendido una reinterpretación de la sociedad para ajustarla a los dictados islámicos, aunque variando su postura entre el activismo social pacífico y episodios de enfrentamiento abierto. La ambigüedad de su ideología ha provocado tensiones internas y diversas ramificaciones, que van desde posiciones reformistas hasta otras más extremas.

Otros movimientos, como Al Qaeda y grupos afines, han radicalizado el mensaje fundamentalista al justificar la violencia armada contra el “enemigo extranjero” o “apóstata”, recurriendo a una aplicación extrema de la ley islámica (sharía) y una lectura selectiva del Corán y los hadices. La sharía constituye, de hecho, uno de los puntos más conflictivos: mientras que comunidades musulmanas tradicionales han entendido siempre que su aplicación debía adaptarse a las condiciones sociales de cada época, los fundamentalistas aspiran a imponerla de manera estricta y universal.

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III. Dimensiones sociales, políticas y culturales de los fundamentalismos

El fundamentalismo, más allá de su faceta religiosa, es también un fenómeno social y político. En el islam, el concepto de umma —la comunidad global de los creyentes— se convierte en un vehículo de identidad, seguridad y pertenencia. Los movimientos fundamentalistas se presentan como guardianes de esa identidad, aunque su visión, muchas veces excluyente o autoritaria, puede distorsionar la pluralidad interna de las sociedades musulmanas.

No es casualidad que los fundamentalismos arraiguen en entornos donde existe pobreza, ausencia de perspectivas y corrupción estatal. El fundamentalismo aparece entonces como una reacción, una alternativa ante un orden considerado decadente. Es de destacar que, en España, obras como “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez, aunque centradas en nuestra Guerra Civil, muestran cómo, en tiempos de crisis, las posiciones extremas encuentran eco entre quienes sienten que no tienen nada que perder.

Políticamente, el fundamentalismo ha sabido adaptarse y utilizar los mecanismos modernos, como las elecciones y los medios de comunicación. Los Hermanos Musulmanes participaron activamente en la política egipcia y, tras la Primavera Árabe, llegaron al poder brevemente antes de ser objeto de un golpe militar. En Argelia, el Frente Islámico de Salvación fue ilegalizado tras ganar las elecciones de 1991, lo que provocó un prolongado conflicto civil. En Irán, el clero chií ha institucionalizado el fundamentalismo a través de la teocracia. Sin embargo, el éxito político de estos movimientos suele ser limitado a largo plazo: la rigidez de su programa choca con las demandas de pluralismo y libertad que caracterizan las sociedades contemporáneas.

El impacto cultural y social de los fundamentalismos es profundo. Imponen normas estrictas sobre la vida privada de hombres y, especialmente, de mujeres, limitan el acceso a la educación y restringen la libre expresión artística y cultural. Sin embargo, también generan formas de resistencia. En Irán, el movimiento de las mujeres ha protagonizado protestas públicas; en Egipto, escritores y cineastas desafían los tabúes religiosos promoviendo el debate social.

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IV. Perspectivas críticas y desafíos contemporáneos

Las críticas al fundamentalismo vienen tanto del interior del mundo islámico como desde fuera. Hay intelectuales musulmanes que reclaman una reinterpretación flexible y contextualizada de los textos sagrados. Es el caso de pensadores como Nasr Hamid Abu Zayd o la premio Príncipe de Asturias, la filóloga argelina Assia Djebar, quienes fueron perseguidos por sus posturas reformistas. Fuera del islam, la comunidad internacional denuncia el fundamentalismo por su intolerancia, su recurso a la violencia y su impacto desestabilizador en la convivencia global.

Uno de los riesgos más claros es la radicalización de jóvenes en contextos de exclusión o frustración, un fenómeno que, por cierto, ha tocado también a comunidades musulmanas en España, como en algunos barrios de Melilla o Ceuta. La convivencia entre diferentes religiones se ve amenazada cuando el fundamentalismo es percibido como representante auténtico de una fe, cuando en realidad no deja de ser una postura minoritaria pero ruidosa.

Las estrategias para enfrentar el fundamentalismo pasan obligatoriamente por la educación —elemento que la LOMLOE, última reforma de la ley educativa española, quiere reforzar a través de valores de tolerancia y pensamiento crítico— y por el diálogo interreligioso, es decir, la capacidad de entender la fe ajena sin perder la propia. También es fundamental que las políticas públicas apuesten por la equidad social, porque donde hay justicia y oportunidades reales el fundamentalismo pierde atractivo entre quienes lo ven como último recurso vital.

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V. Casos de estudio ilustrativos

El caso egipcio ejemplifica la plasticidad de los fundamentalismos. Los Hermanos Musulmanes han oscilado entre periodos de ilegalidad, represión, legalización y poder. Su caída tras la etapa de Mohamed Morsi pone de manifiesto que el uso exclusivo de la interpretación religiosa para gobernar afronta resistencias incluso en sociedades mayoritariamente musulmanas.

La revolución islámica en Irán fue mucho más que un cambio de régimen; implicó la sustitución de un nacionalismo laico por una república teocrática. Sin embargo, tras más de cuarenta años, el pulso entre modernidad y tradición no ha cesado. En países como Argelia y Pakistán, las luchas entre sectores laicos y fundamentalistas han marcado la evolución de sus sistemas políticos.

Por otra parte, establecer comparaciones con el integrismo católico en la España franquista puede ser útil. El nacionalcatolicismo impuso una moral religiosa excluyente que restringió libertades, aunque en el presente el catolicismo español se vive de otro modo. Esta comparación ayuda a entender que el fundamentalismo no es patrimonio exclusivo de ninguna fe o cultura, sino un modo recurrente de reacción ante los desafíos de la modernidad.

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Conclusión

En suma, el fenómeno fundamentalista es sumamente complejo y no puede reducirse a clichés. La vuelta a los orígenes que postula el fundamentalismo es, en realidad, una reinterpretación selectiva e interesada de la tradición, como demuestran los casos estudiados. Sus causas no son únicamente teológicas o religiosas, sino que están profundamente ancladas en las crisis sociales, políticas y culturales de nuestro tiempo. Como estudiantes y ciudadanos en la España del siglo XXI, nuestro deber no es demonizar sin matices a quienes sienten la tentación del fundamentalismo, sino entender sus motivos, las carencias que explotan y las violencias que engendran. Solo así, apostando por la educación, la crítica y el diálogo intercultural, será posible encontrar caminos de convivencia sostenibles y respetuosos con la dignidad humana y la diversidad.

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Fuentes recomendadas

- Malise Ruthven, "El fundamentalismo: la batalla por el mundo moderno" - Karen Armstrong, "En defensa de Dios" - Documental “Irán: la revolución constante” (RTVE) - Artículos de la Fundación Euroárabe y Casa Árabe sobre islam y sociedad - Fragmentos legales y reflexiones sociales recogidas en los informes del Consejo de Europa sobre religiones y derechos humanos

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuál es el origen del fundamentalismo según el ensayo Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual?

El fundamentalismo surge en el protestantismo estadounidense del siglo XX como reacción a la modernidad y la secularización, promoviendo una interpretación literal de los textos sagrados.

¿Qué características principales tiene el fundamentalismo según Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual?

El fundamentalismo destaca por el rechazo a la modernidad, la interpretación literal de textos sagrados, el control moral estricto y una visión maniquea entre bien y mal.

¿Cómo aborda el ensayo Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual la diversidad interna del fundamentalismo islámico?

Analiza la importancia de las divisiones internas, como la separación entre suníes y chiíes, y cómo estas impactan en la variedad de movimientos fundamentalistas dentro del islam.

¿En qué aspectos el fundamentalismo trasciende lo religioso según Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual?

El fundamentalismo también influye en la política, la cultura y las relaciones sociales, evidenciando que no se limita solo a cuestiones religiosas.

¿Por qué es relevante estudiar fundamentalismos hoy según Fundamentalismos: orígenes, rasgos y su influencia en la sociedad actual?

La globalización aumenta la exposición a los fundamentalismos y su impacto sociopolítico, siendo esencial comprenderlos para analizar las tensiones entre tradición y modernidad.

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