Ensayo

Poesía española 1940-1960: formalidad arcaizante vs lírica comprometida

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Tipo de la tarea: Ensayo

Poesía española 1940-1960: formalidad arcaizante vs lírica comprometida

Resumen:

Analiza la Poesía española 1940-1960 descubre cambios formales y temáticos, compara formalidad arcaizante y lírica comprometida y aprende con autores clave.

Poesía de los años 40 a los 60

De la formalidad arcaizante a la lírica comprometida: cambios temáticos y formales en la posguerra __Nombre__: Pablo Jiménez __Asignatura__: Literatura Española del siglo XX __Profesor/a__: Dra. Lucía García __Fecha__: 21 de Abril de 2024

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“Escribir es resistir, escribo porque resisto y mientras resisto, existimos todos.” Con este espíritu, la poesía española surgida entre 1940 y 1960 encarna el pulso de un país herido y golpeado por la Guerra Civil. Aquella catástrofe política, seguida de un largo y asfixiante franquismo, dejó una sociedad marcada por la represión, la censura y una pobreza que alcanzó tanto los cuerpos como la palabra. El éxodo de los grandes poetas de la República, la autocensura y el silencio editorial convirtieron la literatura en un campo minado de alusiones, medias verdades y, aun así, inagotable creatividad. En este contexto, cabe preguntarse: ¿cómo respondieron los poetas de la posguerra a las realidades de su tiempo?

Este ensayo sostiene que la poesía española de 1940 a 1960 se debate entre dos polos: por un lado, la búsqueda de una belleza formal que sirve a menudo para legitimar o suavizar el clima ideológico dominante; por otro, la emergencia de una lírica comprometida que utiliza la palabra como instrumento de denuncia y de reconstrucción ética. Analizaremos cómo evolucionan las tendencias dominantes —la poesía arraigada, la desarraigada y la social—, qué las caracteriza formal y temáticamente, y cómo hallan cauces para convivir, renovarse o contradecirse en un periodo de extrema tensión.

Presento tres grandes secciones: primero, la configuración poética de los años cuarenta; segundo, la irrupción y apogeo de la poesía social en los cincuenta; y, por último, el giro pluralista y la búsqueda de nuevas formas en la transición a los años sesenta. Además, analizaré la trayectoria de un poeta representativo como herramienta para comprender la coexistencia y mutua influencia de estas tendencias.

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Delimitación cronológica, enfoque y corpus

El análisis se concentra en el periodo que abarca desde 1940 —justo después de la Guerra Civil— hasta 1960, cuando nuevos impulsos generacionales y de apertura comienzan a transformar el panorama. He seleccionado figuras y textos basándome en el impacto que tuvieron en su momento, la representatividad de sus estilos y el equilibrio entre corrientes estéticas contrapuestas. Las fuentes confluyen entre antologías críticas (como la de García Posada o Blecua), ediciones de obras fundamentales y un diálogo constante con los estudios de especialistas como Carmen Ruiz Barrionuevo o Víctor García de la Concha. El método combina análisis formal (versificación, léxico y figuras retóricas), aproximación temática y valoración histórica.

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Primera parte: La década de 1940 y el campo poético de posguerra

A. Desolación y reconstrucción: el solar literario tras la guerra

Finalizada la Guerra Civil, España era un país devastado en lo físico y anímico. Muchos escritores republicanos se exilian (Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Emilio Prados), mientras que quienes permanecen enfrentan la censura y la presión del nuevo régimen. Sello de la época es la escasa libertad editorial y la función crucial de las revistas literarias como “Escorial” o “Garcilaso”, que fijan la línea estética permitida y, a veces, la disidente. Bajo este clima, la poesía se convierte en un espacio ambiguo: puede ser la celebración del orden impuesto, pero también un refugio íntimo donde la angustia se filtra casi a hurtadillas.

B. Poesía “arraigada”: orden, tradición y evasión

La conocida como “poesía arraigada” se sostiene en el apego a la forma clásica y a los valores conservadores. El soneto y otras formas rígidas vuelven a estar de moda; se busca la corrección formal, la musicalidad y una aparente serenidad de fondo. El mundo ofrecido por estos poetas —Luis Rosales (“La casa encendida”), Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco— respira nostalgia, religiosidad y exalta una España eterna, idealizada, alejada del conflicto reciente.

Un ejemplo paradigmático es el uso reiterado del paisaje castellano, presentado como símbolo de firmeza moral y continuidad histórica. Así, en poemas como los de Panero, el “campo sin límites” se convierte en metáfora de una España que pretende superar el desgarro de la guerra: > “El campo es como un libro abierto, donde el silencio aprende a rezar…”

Las metáforas son cultas, y muchas veces la emoción se contiene tras un lenguaje elevado. Esta estética, sin embargo, está lejos de ser inocente; para la crítica, sirve a menudo como legitimación del ideario del régimen o, al menos, contribuye al clima de conformismo moral. Sin embargo, tampoco faltan lecturas alternativas que detectan en la perfección formal el gesto de una resistencia pasiva: “Si no podemos hablar, al menos hagamos belleza”, parecieran sugerir algunos versos de Rosales.

C. Poesía “desarraigada” o existencial: la voz del desamparo

Frente a la evasión, emerge un grupo de poetas que, desde una visión desalentada, buscan en la poesía un espacio de verdad y desahogo. Autores como Blas de Otero (en su primera época), Gabriel Celaya o José Hierro articulan un registro mucho más directo y desgarrado. Aquí el verso se despoja de artificios: aparecen la muerte, la duda, la soledad y el vacío en el centro del poema. Se recurre al verso libre, a la imagen de la ruina (urbana y vital), a tonos parcos y lacerados; Hierro, por ejemplo, publica desde Santander una poesía “de la experiencia”, a menudo con imágenes demoledoras como la de la “ciudad calcinada”.

En poemas como “Hombre” de Blas de Otero o “Tierra sin nosotros” de Hierro, la desolación y la pregunta retórica abruman: > “Pido la paz y la palabra, si sobrevivo a esta muerte callada…”

Aquí el yo lírico aparece herido; no hay consuelo, sólo conciencia de la caída. La poesía de los desarraigados se articula en torno a una ética de la autenticidad, enfrentando con crudeza los límites de la libertad y la culpa.

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Segunda parte: Emergencia y desarrollo de la poesía social (década de los 50)

A. De la angustia personal a la denuncia colectiva

A partir de 1950, las condiciones materiales comienzan a cambiar lentamente. Surgen nuevas revistas, se intensifica la migración campo-ciudad y la sociedad empieza un tímido proceso de apertura. Así, la lírica va decantándose hacia el compromiso ético y político: la poesía se concibe, ante todo, como un acto colectivo de resistencia. Las lecturas de César Vallejo o Pablo Neruda, el redescubrimiento del humanismo —pero españolizado y adaptado a la limitación política—, empujan a los autores a salir del yo dolorido para dirigirse al nosotros.

B. Características definitorias de la poesía social

La poesía social, en particular en autores como Gabriel Celaya (“Cantos íberos”), Blas de Otero (“Pido la paz y la palabra”) o José Agustín Goytisolo, apuesta por formas coloquiales, ritmos cercanos al habla común, alusiones explícitas a la injusticia social y a los problemas del pueblo. Aparecen anáforas, imperativos e interpelaciones directas al lector, con la intención de sumar fuerzas y crear conciencia de pertenencia: > “Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan / decir que somos quien somos…” (Blas de Otero)

El mensaje es claro y no rehúye el tono panfletario o testimonial. El poema se piensa como un arma cargada de futuro, parafraseando el célebre verso de Celaya, y su valor reside menos en la perfección estética que en la capacidad de sacudir, movilizar y denunciar. Temas nuevos (el hambre, el trabajo, la emigración) desplazan a los viejos mitos o a la introspección angustiada.

C. Figuras clave y desplazamientos poéticos

A la cabeza de este movimiento figuran Blas de Otero, Celaya y Eugenio de Nora, seguidos por poetas que publican en revistas como “Espadaña”, que buscan la fusión de voz y pueblo. El cambio es visible: frente al hermetismo, aparece el plural; frente a la depuración formal, la contundencia enunciativa. Comparar un poema de los primeros años de Otero (“Ángel fieramente humano”) con los textos de “Pido la paz y la palabra” permite ver cómo la voz personal, rota por la soledad, se convierte en portavoz de una colectividad.

D. Debate crítico: logros y límites de la poesía social

No han faltado los reproches a la poesía social: se le ha tachado de ingenuidad política, de negligencia estética o de caer en el tópico apelativo. Sin embargo, sería un error ignorar su importancia: su contribución fue convertir la poesía en un territorio donde la palabra pública era posible aun con todos los riesgos. Como sostuvo Víctor García de la Concha, la poesía social tuvo el mérito de situar al lector —y al propio poeta— en el centro de la historia. Aun así, sus límites son evidentes: algunos textos han envejecido mal, las fórmulas retóricas cansan y el didactismo a menudo roza la simpleza. Pero su incidencia social y su potencia ética son innegables.

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Tercera parte: Pluralidad y transición hacia una poesía renovada (finales de los 50 e inicios de los 60)

A. Nuevas voces y búsquedas formales

A finales de los cincuenta surge la conocida como “generación del 55”, caracterizada por no renegar del compromiso, pero sí por buscar nuevos lenguajes y una mayor sofisticación formal. Autores como Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines o Ángel González exploran el retorno del yo, la ironía, la mezcla de coloquialismo y cultura, y una conciencia crítica frente a lo doctrinal. Así, Gil de Biedma, en “Compañeros de viaje”, puede permitirse una mirada escéptica, casi desencantada, sobre la sociedad y su propia posición de privilegio, mientras experimenta con el ritmo del discurso y las alusiones cultas.

B. Coexistencia de tendencias y avance de la experimentación

Estos poetas no abandonan la preocupación ética, pero huyen del plano testimonial y buscan una mayor densidad expresiva, cruzando lo privado y lo público. Al margen o en paralelo, aparecen movimientos experimentales —el grupo Cántico, los novísimos, incipientes propuestas visuales— que anticipan la fragmentación y el cosmopolitismo de la poesía posterior.

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Análisis de caso: la evolución poética de Blas de Otero

Pocos trayectos son tan representativos como el de Blas de Otero. Nacido en Bilbao (1916), su biografía es la de un hombre desterrado en su propio país, que pasa del hermetismo (“Ángel fieramente humano”, 1950: versos sombríos, existenciales) a la apertura social (“Pido la paz y la palabra”, 1955). En el primero, la métrica es variable, el léxico oscuro; el tema es la búsqueda de sentido en una España en ruinas: > “¡Oh tierra, oh muerte, oh soledad sin nombre!”

En su madurez, Otero utiliza un verso corto, repetición anafórica y el “nosotros”: > “Nosotros, los poetas, alzamos la palabra pública como antorcha y consuelo.”

Su itinerario permite ver cómo la poesía de estos años no se puede reducir a una dialéctica formal/compromiso, sino que es, sobre todo, un proceso de transformación donde las heridas personales y colectivas buscan canales nuevos sin renunciar nunca al arte.

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Conclusión

Entre 1940 y 1960, la poesía española atravesó una serie de tensiones irreconciliables y, a la vez, fecundísimas. De la seguridad formal de la poesía arraigada al grito existencial de los desarraigados, y del compromiso explícito de la poesía social a la ironía y pluralidad de la generación del 55, la lírica actúa como espejo y motor de la vida nacional. Supo ser espacio de resistencia ante la censura, instrumento de solidaridad y, pese a todo, mantener exigencia estética.

Este periodo nos lega una lección esencial: la poesía puede habitar la contradicción y, desde ahí, renovarse. Ni la tendencia social fue simple panfleto, ni la formalidad equivalió siempre a sumisión. La evolución posterior —la irrupción de los novísimos, la influencia de la música popular o la recepción fuera de España— no puede entenderse sin estas décadas de ensayo, error y apuesta ética por la palabra. Como posibles líneas futuras, merecería la pena investigar cómo dialogan estos modelos con la canción de autor y con la poesía contemporánea, donde sobreviven aún los ecos de Rosales, Otero o Gil de Biedma.

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Bibliografía orientativa

- Rosales, Luis. “La casa encendida”, Ed. Cátedra. - Otero, Blas de. “Pido la paz y la palabra”, Ed. Alianza. - Hierro, José. “Tierra sin nosotros”, Ed. Austral. - Antología de la poesía española (1939-1975), ed. José Manuel Blecua. - García de la Concha, Víctor: “La poesía española de posguerra”. - Ruiz Barrionuevo, Carmen: “La poesía social y sus límites”. - Repositorios: Biblioteca Nacional de España, Dialnet.

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Debatir la herencia de este periodo y su vigencia nos invita a releer nuestra historia no solo como resistencia, sino, sobre todo, como búsqueda incesante de formas para decir, frente a todo lo que calla, la dignidad de la palabra.

Preguntas de ejemplo

Las respuestas han sido preparadas por nuestro tutor

¿Cuáles son las principales características de la poesía española 1940-1960?

Se caracteriza por la confrontación entre una formalidad arcaizante y una lírica comprometida, abarcando temas de posguerra, represión y compromiso social.

¿Qué diferencia la formalidad arcaizante de la lírica comprometida en la poesía española 1940-1960?

La formalidad arcaizante busca belleza clásica y evasión; la lírica comprometida utiliza el verso como denuncia y herramienta ética ante la realidad social.

¿Qué tendencias poéticas dominan en la poesía española entre 1940 y 1960?

Predominan la poesía arraigada, la poesía desarraigada existencial y la poesía social, cada una con rasgos formales y temáticos propios.

¿Cómo influyó el contexto histórico en la lírica comprometida de la poesía española 1940-1960?

La represión tras la Guerra Civil y el franquismo impulsaron una poesía de denuncia y resistencia, empleando el lenguaje como arma ética y colectiva.

¿Qué autores representan la evolución de la poesía española 1940-1960 de formalidad arcaizante a lírica comprometida?

Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Hierro y Jaime Gil de Biedma muestran la transición de formas tradicionales al compromiso social y pluralismo expresivo.

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