Impacto de la Segunda Revolución Industrial y el Imperialismo en la Primera Guerra Mundial
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Tipo de la tarea: Redacción de historia
Añadido: 15.01.2026 a las 15:37

Resumen:
La Segunda Revolución Industrial impulsó el imperialismo europeo y desembocó en la Primera Guerra Mundial, cambiando para siempre el orden mundial.
Segunda Revolución Industrial, Imperialismo y Primera Guerra Mundial
La historia del siglo XIX y comienzos del XX en Europa es una sucesión de profundas transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales. Tras el convulso periodo revolucionario que se inaugura en 1789 y las guerras napoleónicas, Europa pasa por un periodo de consolidación estatal y relativa estabilidad desde aproximadamente 1850 hasta la década de 1870. Es en este contexto cuando emerge la Segunda Revolución Industrial, un fenómeno que reconfigura de manera radical la economía mundial, fomentando la innovación tecnológica, las migraciones, la transformación del capitalismo y el ascenso de nuevas potencias.
Esta ola de progreso y competencia se liga, a su vez, con el nacimiento de una nueva fase imperialista de las potencias europeas, ansiosas por mercados, materias primas y prestigio. El imperialismo, lejos de ser un simple fenómeno político, refleja y amplía las dinámicas económicas y sociales generadas por la Segunda Revolución Industrial, y pronto derivará en tensiones y enfrentamientos que acabarán desembocando en la tragedia de la Primera Guerra Mundial. Así, podemos defender la tesis de que la Segunda Revolución Industrial supuso no solo un salto en el desarrollo técnico y económico, sino también el detonante de una carrera imperialista y de rivalidades nacionales que alteraron profundamente el rumbo de la historia europea y mundial en el siglo XX.
Para analizar esta compleja interrelación, el presente ensayo se estructura en tres bloques: los cambios y consecuencias de la Segunda Revolución Industrial; el auge del imperialismo y el reparto del mundo; y finalmente, la Primera Guerra Mundial y sus repercusiones en el orden mundial.
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1. Segunda Revolución Industrial
1.1. Transición entre la Primera y Segunda Revolución Industrial
Tras el final de las grandes revoluciones y guerras, Europa y Estados Unidos ingresaron en una fase de relativa paz política y rápido desarrollo económico tras 1871. El ferrocarril fue símbolo y motor de esta modernidad, conectando mercados y territorios, y permitiendo la expansión de las grandes sociedades anónimas, auténticas gigantes del capitalismo naciente (como la Société Générale francesa o la AEG alemana).Sin embargo, las nuevas estructuras capitalistas no estuvieron exentas de dificultad. La crisis de 1873-1896, ampliamente conocida como la Gran Depresión, evidenció los límites del capitalismo liberal: el descenso de la rentabilidad ferroviaria y especulaciones finalizaron en quiebras, paro y caída de la bolsa de Viena. Esta realidad forzó el paso desde el librecambismo al proteccionismo, y animó a los estados y empresarios a buscar soluciones innovadoras, como la diversificación de inversiones y el fomento de la investigación científica.
1.2. Cambios fundamentales del sistema capitalista
Durante la Segunda Revolución Industrial, el capitalismo vivió una concentración sin precedentes: la gran empresa y la banca se fusionaron en conglomerados capaces de soportar grandes inversiones y crisis, como lo ejemplifica la banca Rothschild. Al mismo tiempo, la relación entre industria, ciencia y sistema educativo se consolidó: universidades como la politécnica de Zurich o el Instituto Pasteur formaban ingenieros e investigadores que alimentaban la innovación industrial.La producción en serie (inspirada en sistemas como el de la fábrica Renault en Francia o los grandes astilleros alemanes), impulsó el crecimiento del consumo y permitió que los obreros accedieran a bienes que antes eran privilegio de las élites (ropa confeccionada, bicicletas, productos alimentarios enlatados).
1.3. Consecuencias económicas, geográficas y sociales
El “gran capitalismo” cristalizó en multinacionales impensables hasta entonces: Siemens, Krupp, Thyssen. Los focos del progreso cambiaron el mapa industrial: Alemania y Estados Unidos eclipsaron a la hasta entonces hegemónica Gran Bretaña. Paralelamente, la clase obrera vio mejoradas sus condiciones laborales y económicas, gracias a la presión sindical y a las primeras leyes sociales (como la Ley de Accidentes de Bismarck en Alemania).1.4. Grandes inventos y nuevas fuentes de energía
La electricidad revolucionó la vida urbana y los procesos industriales: la lámpara incandescente de Edison iluminó calles y fábricas; el tranvía eléctrico transformó las ciudades, mientras el kinetoscopio y los primeros cinematógrafos (los hermanos Lumière en Francia) daban lugar al ocio moderno. El petróleo desplazó al carbón en el transporte y la industria química, lo que hizo posibles el automóvil (Benz, 1885) y los primeros plásticos. No obstante, el carbón siguió siendo la principal fuente energética hasta la mitad del siglo XX.1.5. Las nuevas industrias
La industria química experimentó una auténtica revolución: desde las primeras aspirinas de Bayer hasta los colorantes sintéticos, la química se hizo omnipresente. La metalurgia, con la siderurgia como punta de lanza, avanzó gracias a las técnicas Bessemer y Siemens-Martin, permitiendo la obtención de acero barato. Se difundieron nuevos metales como el aluminio y el níquel.La mecanización de la agricultura (tractor, sembradora) y el uso de abonos químicos permitieron alimentar a millones. En el terreno de la comunicación y ocio, el telégrafo de Cooke y Wheatstone, el teléfono de Meucci y Bell, y la radio de Marconi acercaron distancias y, como subraya Ortega y Gasset, transformaron la visión del mundo.
1.6. Movimientos poblacionales y migratorios
Europa presenció un formidable crecimiento demográfico, debido tanto a la disminución de la mortalidad como a los movimientos migratorios. Destaca la emigración masiva (unos 60 millones entre 1850 y 1914) a América, especialmente Estados Unidos y Argentina, que se convirtieron en auténticos “países de inmigración”. Francia, con una natalidad estancada, contrastaba con la pujanza demográfica de Alemania o Rusia.Esta avalancha de migrantes contribuyó a la industrialización de América y a la expansión de mano de obra y cultura europea en el Nuevo Mundo.
1.7. Modernización de la agricultura
La agricultura europea experimentó transformaciones espectaculares. Los cercamientos (enclosures) en países como Inglaterra dieron paso a grandes propiedades, más fértiles y productivas, aunque a costa de pequeños campesinos. La química expandió su presencia con abonos nitrogenados y fosfatados, mientras el tractor alivió la fatiga del campesinado. Sin embargo, la financiación supuso un obstáculo: muchos pequeños agricultores se endeudaron, lo que generó tensiones sociales y políticas.1.8. Expansión del transporte y comercio
El ferrocarril, auténtico “pulmón del progreso”, vertebró mercados nacionales, facilitando la integración económica y uniendo el campo y la ciudad. El automóvil se abrió paso a partir de la segunda mitad del siglo XIX, mientras la navegación a vapor –gracias a barcos como los de la Compañía Trasatlántica Española– y la apertura de los canales de Suez (1869) y Panamá (1914) acercaron continentes y aceleraron la globalización comercial. A finales del periodo apareció la aviación, utilizada sobre todo con fines militares durante la Primera Guerra Mundial.1.9. Cambios en producción industrial y empresas
La fusión entre industria, ciencia y educación se tradujo en patentes, productos y técnicas innovadoras, como el sistema Taylorista de organización del trabajo. Las grandes empresas y bancos, aliados, lograron afrontar los requerimientos de capital y riesgos, lo que reforzó el capitalismo multinacional y la ampliación de mercados internos y externos.1.10. Nuevas potencias económicas: Alemania y EEUU
Alemania, unificada en 1871, despegó a gran velocidad: la unión aduanera (Zollverein) de 1834 ya había sentado las bases. La natalidad, alta, alimentó el éxodo campesino hacia nuevas ciudades industriales (Essen, Düsseldorf), mientras el Estado apoyaba la formación de carteles y la banca financiaba proyectos industriales.Estados Unidos, dotado de vastos recursos naturales, población creciente gracias a la inmigración y una elevada tasa de innovación (la cadena de montaje de Ford), se convirtió en la auténtica locomotora industrial y agrícola a nivel mundial.
Ambos casos muestran cómo la política estatal, la demografía y la innovación determinaron el nuevo equilibrio mundial.
1.11. Transformaciones sociales
No todo fue progreso: la industrialización trajo también explotación y desigualdad, lo que animó el nacimiento de partidos obreros (como el PSOE en España, 1879) y sindicatos. La II Internacional (fundada en 1889) promovió la solidaridad obrera, mientras las primeras leyes sociales (reformas de Bismarck en Alemania o la Ley de Accidentes de Trabajo en España, 1900) afrontaron algunas demandas laborales. Escisiones ideológicas dentro del socialismo, así como el auge del comunismo, reflejaron la diversidad del movimiento obrero y anticiparon futuros conflictos.---
2. Imperialismo y hegemonía europea
2.1. Definición y diferencias conceptuales
El colonialismo había sido practicado desde los siglos XV y XVI, pero el imperialismo, en sentido estricto, representa una nueva fase a partir de 1880, cuando las grandes potencias compiten no sólo por controlar territorios sino por imponer su dominio económico y político más allá de los límites nacionales.2.2. Causas del imperialismo
Las causas fueron diversas: la industrialización generaba una demanda creciente de materias primas exóticas (caucho, algodón, cobre), nuevos mercados para sobreproducción y posibilidades de inversión de capital (como la construcción del ferrocarril en África). Factores demográficos como el exceso de población motivaban la creación de colonias de asentamiento (Argelia para Francia). Políticamente, el nacionalismo y la búsqueda de prestigio internacional impulsaron la expansión (el “reparto de África” se convirtió en una carrera por evitar quedarse atrás).Ideológicamente, la misión “civilizadora” y el racismo científico (“la carga del hombre blanco”) justificaron la dominación. Estrategias militares y navales, como el control del canal de Suez, completaron las motivaciones.
2.3. Reparto de África
Antes de 1880, Europa apenas controlaba las costas africanas, pero la Conferencia de Berlín (1884-1885) legitimó el reparto del continente, acordando libertad de comercio y estableciendo un "estado tapón" en el Congo belga. Francia buscó unir el Atlántico con el Mar Rojo, Gran Bretaña quería controlar la franja Egipto-Sudáfrica, mientras Alemania obtenía colonias efímeras (Tanzania, Namibia), perdidas tras 1918. Portugal intentó unir Angola y Mozambique, pero fue frenada por la diplomacia británica. Bélgica, bajo Leopoldo II, se apoderó del Congo; España y Italia obtuvieron pequeños enclaves (Guinea Ecuatorial, Libia, Eritrea). La competencia y las tensiones, ejemplificadas por la crisis de Fachoda (1898), anticiparon futuras confrontaciones.2.4. Tipos de colonias y dominios
La administración colonial varió: desde el gobierno directo hasta la asimilación con cierta representación local (caso de las colonias francesas). Hubo también concesiones comerciales (Hong Kong cedido al Reino Unido por China tras las Guerras del Opio), y protectorados (como el Protectorado español en Marruecos), donde los poderes indígenas eran subordinados a la política exterior del colonizador.2.5. Colonización de Asia
Asia, igual que África, fue objeto de repartos, aunque con particularidades: aquí predominaba el interés económico sobre el territorial. Rusia expandió su dominio en Asia Central, entrando en disputa con Gran Bretaña (el "Gran Juego" en Afganistán). India se consolidó como la joya del imperio británico, mientras Francia creó la Indochina francesa. Japón se emergió como nueva potencia imperialista, anexionando Corea y derrotando a Rusia en 1905. China, debilitada tras las Guerras del Opio, fue forzada por Gran Bretaña y otras potencias a conceder puertos comerciales y privilegios, aunque logró conservar parte de su independencia.---
3. La Primera Guerra Mundial
3.1. Causas
Las tensiones acumuladas explotaron en 1914. Desde la derrota francesa ante Prusia en 1871, Francia y Alemania mantenían una enemistad irreconciliable, especialmente por Alsacia y Lorena. Austria-Hungría y Rusia se disputaban la influencia en los Balcanes, donde el nacionalismo serbio era dinamizador. La rivalidad económica y naval entre Alemania y el Reino Unido tensó aún más la situación.La formación de alianzas militares –Triple Alianza (Alemania, Austria, Italia) y Triple Entente (Francia, Reino Unido, Rusia)– polarizó Europa en dos bloques armados. Las crisis balcánicas, la anexión de Bosnia por Austria (1908) y el asesinato del heredero austrohúngaro en Sarajevo (junio de 1914) encendieron la mecha.
3.2. Características y fases del conflicto
De 1914 a 1918, la Gran Guerra fue larga y devastadora. El fracaso alemán en la batalla del Marne desembocó en la guerra de trincheras, símbolo de una contienda de desgaste y sufrimiento. Nuevas armas (gases tóxicos, ametralladoras, tanques, submarinos) aumentaron la letalidad. La economía fue dirigida hacia el esfuerzo de guerra (“guerra total”), movilizándose a trabajadores, mujeres y recursos de colonias.En 1917, la entrada de EEUU y la Revolución rusa (caída del zarismo y posterior gobierno bolchevique) precipitaron el final. Alemania sufrió el colapso interno y la derrota en el frente occidental.
3.3. Consecuencias
El coste humano fue trágico: millones de muertos, desplazados y mutilados, agravado por epidemias como la gripe de 1918. Económicamente, Europa quedó arruinada, endeudada con EEUU, que emergió como potencia dominante.El mapa político fue redibujado: los viejos imperios (alemán, austrohúngaro, ruso, otomano) desaparecieron, dando paso a nuevos estados y, en muchos casos, a frágiles democracias. La guerra provocó una crisis de valores: nuevas corrientes culturales (expresionismo, dadaísmo, surrealismo) reflejaron la desilusión de una generación. El sufragismo y el feminismo cobraron impulso, puesto que la mujer se incorporó masivamente al trabajo y a la vida pública.
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4. La Europa de Versalles y el nuevo orden mundial
4.1. Conferencia de París (1919)
La Conferencia de París buscó garantizar una paz duradera sobre el principio de las nacionalidades, aunque excluyendo a los vencidos (Alemania, Austria, Turquía) y a la Rusia revolucionaria. Los vencedores (Francia, Reino Unido, EEUU, Italia) impusieron sus condiciones, aunque Wilson (presidente estadounidense) propuso catorce puntos y la creación de la Sociedad de Naciones, precursora de la ONU.4.2. Tratado de Versalles
El Tratado de Versalles impuso durísimas condiciones a Alemania: pérdidas territoriales (Alsacia-Lorena a Francia, Polonia recuperada, entregas en el Sarre), limitación del ejército y enormes indemnizaciones. Se crearon nuevos estados como Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia, aunque muchos con fronteras artificiales y minorías insatisfechas. El resentimiento alemán fue profundo y es ampliamente aceptado por los historiadores que este tratado sembró las raíces del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial.---
Conclusión
En resumen, la Segunda Revolución Industrial transformó radicalmente el mundo: nacieron nuevas potencias, tecnologías y formas de organización social y económica. Estas transformaciones dinamizaron el imperialismo europeo, una competencia feroz por el dominio mundial que exacerbó tensiones entre estados. La Primera Guerra Mundial fue el inevitable desenlace de estas rivalidades, destruyendo el viejo orden y dando paso a un siglo XX convulso y marcado por continuos conflictos y cambios.La importancia de este periodo radica en que sus huellas siguen presentes: la mundialización de la economía, los avances científicos, los movimientos sociales y las luchas por derechos, así como los conflictos entre naciones, tienen sus raíces en aquella época. Analizar estos procesos es fundamental para comprender el siglo XX y, en definitiva, nuestro propio presente, pues como afirmaron Unamuno y Ortega, comprender la historia es clave para intentar no repetir sus errores.
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