Análisis crítico sobre racismo y antisemitismo en Los cuentos de Canterbury
Tipo de la tarea: Texto argumentativo
Añadido: hoy a las 13:42
Resumen:
Descubre un análisis crítico sobre el racismo y antisemitismo en Los cuentos de Canterbury y su contexto histórico en la obra de Chaucer.
Los cuentos de Canterbury: una mirada crítica sobre racismo y antisemitismo en la obra de Geoffrey Chaucer
1. Introducción
Entre los grandes hitos de la literatura europea medieval, Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer ocupa un lugar destacado y, a menudo, polémico. Chaucer, nacido en Londres alrededor de 1343, vivió una época convulsa marcada por la peste negra, las tensiones religiosas y las profundas transiciones sociales que definieron el final de la Edad Media en Inglaterra. Esta experiencia vital cristaliza en su obra más famosa, donde peregrinos de diferentes clases y profesiones relatan historias que no solo entretienen, sino que también retratan la mentalidad colectiva de la época.El conjunto de relatos presenta una rica galería de personajes: desde el Caballero honorable hasta la irónica Esposa de Bath, pasando por el cínico Comerciante o la muy devota Priora. Cada uno narra su cuento durante un peregrinaje a la tumba de Tomás Becket en Canterbury, componiendo un mosaico de la sociedad medieval. La vigencia de la obra, más allá de su valor literario, reside en su capacidad para exponer las contradicciones y prejuicios de su tiempo.
El objetivo de este ensayo es analizar cómo se entretejen el racismo y el antisemitismo en algunos de los relatos más problemáticos, fundamentalmente a través de la figura de la Priora y otros personajes, sin perder de vista la posible ironía y ambigüedad con la que Chaucer presenta estos temas. Se trata de comprender, desde nuestro presente, cómo los textos clásicos sirven tanto de espejo como de advertencia sobre los peligros de los prejuicios y la intolerancia.
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2. Contexto histórico y social del siglo XIV en Inglaterra
La Europa occidental del siglo XIV era un mundo profundamente dominado por el cristianismo, con la Iglesia Católica como única autoridad religiosa y moral reconocida. La vida cotidiana, las leyes y la cultura giraban en torno a los dogmas eclesiásticos. En Inglaterra, esta hegemonía llegó a tal punto que cualquier diferencia, ya fuera étnica o religiosa, tendía a considerarse amenaza o herejía.Las minorías religiosas, especialmente los judíos, estuvieron sometidas a una dura represión. Tras siglos de discriminación, el rey Eduardo I firmó la expulsión de los judíos en 1290 —un acontecimiento que marcó el final de una presencia judía estable hasta la época moderna—, pero su huella cultural perduró en la imaginación popular y los relatos. A la vez, la llegada de musulmanes era muy limitada, aunque persistía el recuerdo reciente de enfrentamientos como las Cruzadas, que alimentaban la imagen del “otro” enemigo.
La Edad Media europea conoció un antisemitismo rampante, que se manifestaba en acusaciones de usura, infanticidio ritual y conspiraciones, ancladas en dogmas y rumores. Se vinculaba a los judíos con prácticas demoníacas y se les usaba como chivo expiatorio en tiempos de crisis, como reflejan no solo documentos históricos sino también historias populares. Los musulmanes, por su parte, llenaban el papel del enemigo lejano pero amenazante, presente en leyendas épicas, cantares de gesta e incluso romances de frontera peninsulares como los que se estudiaban en Castilla y Aragón.
Estas imágenes negativas, tejidas en el marco de la cultura oral y reforzadas por narraciones eclesiásticas, servían para justificar marginaciones y violencias legales, como la segregación en barrios especiales (ghettos), la quema de herejes o la expulsión de comunidades enteras. Así pues, la literatura era, a la vez, espejo de la mentalidad dominante y, en ocasiones, instrumento para su cuestionamiento o perpetuación.
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3. Análisis literario: La Priora y el antisemitismo en *Los cuentos de Canterbury*
Uno de los personajes más singulares y paradójicos de la obra es la Priora. Chaucer, lejos de presentarla como un modelo de virtud, la describe con un tono burlesco, resaltando sus costumbres pulidas, un afectado francés y una casi enfermiza delicadeza ante el sufrimiento animal, mientras deja traslucir aspectos menos evangélicos en su proceder. Esta caracterización ya anticipa posibles lecturas irónicas y pone en entredicho la autenticidad de su bondad cristiana.Cuando la Priora toma la palabra para narrar su cuento, el lector se enfrenta a uno de los relatos más perturbadores del conjunto: la historia de un niño cristiano que es asesinado por judíos mientras canta un himno mariano. La narración reproduce, casi de forma ejemplar, todos los tópicos del antisemitismo medieval: la perfidia sin matiz atribuida a toda la comunidad judía, la maldad ritual, la plegaria milagrosa y, finalmente, el castigo colectivo que glorifica el sufrimiento cristiano y justifica la violencia.
El discurso de la Priora —por muy emotivo que se presente— destila una visión completamente deshumanizada del “otro”, en este caso representado por el pueblo judío. Si bien es cierto que la leyenda del “niño mártir” era famosa en toda Europa y existe un eco similar en narraciones hagiográficas castellanas medievales, el tratamiento que le da Chaucer no está exento de complejidad. La elección de la Priora como narradora puede interpretarse, más que como reflejo directo del pensamiento del autor, como un mecanismo para poner en evidencia la contradicción entre la “piedad” superficial y la intolerancia profunda de determinados sectores eclesiásticos.
De esta forma, el relato funciona hoy como documento de las mentalidades prejuiciosas que circulaban por los caminos de Europa, pero también invita a interrogar la posible intención crítica de Chaucer, quien, en otros pasajes, demuestra una notable sutileza en el manejo de la sátira.
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4. El enfrentamiento musulmán-cristiano en la obra
Si bien la figura del musulmán aparece de manera más velada que la del judío, su presencia simbólica hunde sus raíces en las relaciones conflictivas y, a veces, de intercambio, entre la Cristiandad latina y el mundo islámico. La geografía literaria de la época se alimentaba tanto de las figuras heroicas de las Cruzadas como de la convivencia forzosa y desigual que podía vivir la frontera peninsular hispánica, tan bien retratada después en “romances fronterizos” y crónicas.En el “Cuento del Letrado”, la fe cristiana se presenta como fuerza redentora opuesta a la hostilidad de otros credos. El musulmán es construido como adversario temible y, a la vez, casi caricaturesco en su maldad o ignorancia. Pero, para el lector actual, resulta relevante observar que estas figuras no solamente son “enemigos” externos, sino también vehículos para explorar los miedos y fantasías internos de la sociedad que los describe.
En la mentalidad medieval, el musulmán simboliza tanto lo exótico como lo amenazador. Estas imágenes literarias, estudiadas también en el ámbito hispánico por autores como Juan Ruiz en el “Libro de Buen Amor” o en las propias “Cantigas” gallego-portuguesas, estaban impregnadas de sospecha y admiración a partes iguales, reflejando una relación mucho más compleja que la mera hostilidad.
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5. Ambigüedad moral y complejidad en la obra de Chaucer
Uno de los grandes logros de Chaucer radica en la polifonía de su obra. Lejos de ofrecer un relato único y monolítico, el inglés permite que cada peregrino exprese sus valores, creencias y limitaciones. Así, el lector debe enfrentarse a una pluralidad de voces, algunas piadosas, otras abiertamente hipócritas o incluso burlonas. Este recurso anticipa técnicas modernas como el perspectivismo, estudiado por Miguel de Unamuno y otras figuras de la literatura española.En este sentido, resulta peligroso reducir Los cuentos de Canterbury a un mero vehículo de prejuicios. Más bien, las contradicciones y choques entre relatos y personajes invitan a una lectura crítica y contextualizada, siguiendo la recomendación de autores españoles como Fernando de Rojas en “La Celestina”: la ironía y la voz indirecta nos obligan a pensar más allá de la superficie del texto.
Así, cabe preguntarse: ¿es Chaucer un perpetuador acrítico del racismo y el antisemitismo, o más bien un observador que, a través de la sátira y la ironía, pone en tela de juicio los valores de sus contemporáneos? La respuesta, debatida por la crítica, apunta a una ambigüedad literaria fundamental, que es, a la vez, una llamada a la responsabilidad del lector.
En otros cuentos de la obra se encuentran igualmente personajes complejos: por ejemplo, el propio Fraile, personaje ambiguo que critica los abusos de la Iglesia, o la mencionada Esposa de Bath, que subvirtió muchos tópicos misóginos de la época. Este mosaico invita a la comparación y a la reflexión sobre los diferentes grados de prejuicio y humanidad presentes en la narración.
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6. Relevancia y enseñanzas actuales
Estudiar obras clásicas como Los cuentos de Canterbury desde una perspectiva actual nos obliga a revisar tanto los logros como las sombras culturales de nuestro pasado. Reconocer la existencia de pasajes racistas o antisemitas no implica necesariamente una condena radical al conjunto, pero sí una toma de conciencia crítica imprescindible en la educación contemporánea.La literatura, en este sentido, se convierte en un campo privilegiado para detectar y desmontar los mecanismos de construcción de estereotipos y prejuicios. Así lo han entendido los programas educativos en España, que dan un especial énfasis a la lectura crítica, ya sea en los comentarios de texto del Bachillerato o las discusiones dirigidas en la ESO, donde se analizan no solo “qué se dice”, sino “quién lo dice”, “cómo” y “para qué”.
A través de estas lecturas contextualizadas, los jóvenes pueden entender cómo funciona la discriminación, qué raíces históricas tiene el racismo y cómo la literatura puede, a la vez, reproducir y cuestionar estos discursos. Este enfoque tiene un valor incalculable para la formación en valores como el respeto, la tolerancia y la empatía hacia quienes son percibidos como diferentes.
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7. Conclusión
A lo largo de Los cuentos de Canterbury, Geoffrey Chaucer ofrece una imagen compleja y a menudo contradictoria de la mentalidad medieval. Refleja —sí— un mundo marcado por la intolerancia religiosa y étnica, pero también revela fisuras e ironías en dicho sistema de pensamiento. Analizar la representación de minorías y “otros” en la obra requiere una mirada cuidadosa: es fundamental distinguir la voz de los personajes y la posible sátira o crítica subyacente del autor.Solo desde una perspectiva contextual y crítica puede valorarse el texto en toda su dimensión: como testimonio imprescindible para entender cómo se construyeron en Europa las imágenes del “enemigo”, pero también como invitación permanente a revisar nuestros propios prejuicios y valores.
Finalmente, asumir esta mirada compleja y crítica de los clásicos es esencial no solo para interpretar el pasado, sino para educar en un presente más justo y consciente.
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8. Bibliografía recomendada
- C. Martín, *La literatura medieval inglesa y la sociedad: De Beowulf a Chaucer* - J. Riera, *Antisemitismo en la literatura europea medieval* - R. Cano, *Imágenes del Islam en los textos medievales peninsulares* - E. G. Stanley, *Chaucer y el humor: Ironía y polifonía en Los cuentos de Canterbury* - Manuales de Historia de la Literatura Universal orientados a Bachillerato (ed. Anaya, ed. Vicens Vives)---
En conclusión, *Los cuentos de Canterbury* no es solo obra clave de la literatura europea, sino también un texto que invita —aún hoy— a la reflexión sobre la intolerancia, la otredad y la capacidad de la literatura para cuestionar, transformar y educar.
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