El concepto de bien desde las éticas deontológicas y las éticas de la felicidad
Este trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 15.01.2026 a las 16:43
Tipo de la tarea: Texto argumentativo
Añadido: 7.11.2024 a las 12:43
Resumen:
Analiza el concepto de bien según las éticas deontológicas y las éticas de la felicidad: diferencias, argumentos y ejemplos para ESO y Bachillerato, claro.
Título: La Concepción del Bien en las Éticas Deontológicas y de la Felicidad
La noción del bien ha sido objeto de reflexión y análisis por parte de filósofos a lo largo de la historia. La pregunta esencial de "¿qué es el bien?" nos conecta con dos tradiciones filosóficas fundamentales: las éticas deontológicas y las éticas de la felicidad. Aunque ambas tradiciones difieren en su orientación, comparten el propósito de responder a esta cuestión central en la filosofía moral.
Desde el enfoque de las éticas deontológicas, el bien se concibe como el cumplimiento de deberes y normas morales que son consideradas universalmente válidas. Este enfoque, representado clásicamente por Immanuel Kant, sostiene que las acciones humanas son moralmente correctas si cumplen con nuestros deberes, independientemente de las consecuencias que estas acciones puedan tener. En este sentido, el bien no reside en los resultados que produce una acción, sino en la intención detrás de esta y su conformidad con una norma ética. Kant, en su obra "Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres", argumenta que un acto es moralmente bueno si se realiza por deber, y para que una ley moral tenga validez universal, debe ser aceptada sin excepción. Esto establece una clara distinción entre lo que es moralmente correcto y los deseos o inclinaciones personales; el bien, dentro de esta perspectiva, es objetivo y se halla en el cumplimiento de una voluntad buena que actúa conforme a máximas universales.
Al comparar esto con las éticas de la felicidad, encontramos un enfoque bastante distinto, en el que el bien está íntimamente relacionado con la consecución de la felicidad o eudaimonía. La ética aristotélica, basada en la obra de Aristóteles, representa este pensamiento. En "Ética Nicomáquea", Aristóteles argumenta que todas las acciones humanas tienden hacia algún bien, y el bien último es la felicidad. Para Aristóteles, la felicidad se logra a través del desarrollo de virtudes, las cuales son hábitos que perfeccionan las facultades humanas. La vida virtuosa, llevada con medida y razón, conduce a la verdadera felicidad. A diferencia de Kant, Aristóteles no establece deberes universales, sino que considera el contexto y las circunstancias particulares de cada individuo en la búsqueda de la felicidad. Por lo tanto, dentro de este marco, el bien no es una norma abstracta y externa, sino una realización interna de la propia naturaleza humana.
Analizando ambas posiciones, podemos apreciar que mientras las éticas deontológicas promueven un bien universal y necesario basado en principios inquebrantables, las éticas de la felicidad consideran el bien como algo más subjetivo y contingente, enfocado en el bienestar personal y el desarrollo individual. Una fuerza del enfoque deontológico radica en su capacidad para establecer un código moral claro y objetivo que sea independiente de las circunstancias; sin embargo, puede parecer rígido al no tener en cuenta las complejidades de la vida humana y su diversidad. Por otro lado, las éticas de la felicidad, aunque flexibles y adaptables, pueden ser criticadas por no ofrecer reglas claras para el comportamiento ético y por depender en gran medida de las interpretaciones individuales de la felicidad y de lo que constituye una vida completa.
En conclusión, la concepción del bien es diversa y rica en matices dentro del panorama filosófico, y tanto las éticas deontológicas como las éticas de la felicidad ofrecen perspectivas valiosas para su comprensión. El debate entre deber y felicidad ha enriquecido históricamente la discusión filosófica, destacando la necesidad de considerar tanto la naturaleza universal del bien como su aspecto más personal y realizable. Reflexionar sobre estas diferentes perspectivas no solo nos aproxima mejor a entender qué es el bien, sino que nos invita a cuestionar continuamente nuestras propias concepciones éticas y el modo en que elegimos vivir nuestras vidas.
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