Relación entre las teorías de la desorganización social y las teorías del control y de la asociación diferencial
Este trabajo ha sido verificado por nuestro tutor: 11.01.2026 a las 13:54
Tipo de la tarea: Texto argumentativo
Añadido: 14.11.2024 a las 18:00
Resumen:
Comparativa de teorías criminológicas: desorganización social, control social y asociación diferencial explican causas y aprendizaje del delito en la sociedad.
Las teorías criminológicas han buscado explicar el comportamiento delictivo y las razones por las cuales ciertos individuos o grupos cometen actos ilícitos. Dos de las aproximaciones más influyentes en este campo son la teoría de la desorganización social y las teorías del control y de la asociación diferencial. Aunque cada una de estas teorías ofrece un enfoque distinto, sus intersecciones y contrastes han enriquecido el debate académico sobre las causas de la delincuencia.
La teoría de la desorganización social se originó en la Escuela de Chicago a principios del siglo XX y fue desarrollada principalmente por sociólogos como Clifford Shaw y Henry McKay. Se centra en la idea de que el entorno social, más que las características individuales, es fundamental para entender la delincuencia. Según esta teoría, los barrios o comunidades que experimentan altos niveles de desorganización social, como pobreza, heterogeneidad cultural, y movilidad residencial, tienden a tener mayores tasas de criminalidad. La desintegración de las instituciones sociales —como la familia, la escuela y la iglesia— debilita la capacidad de estas para ejercer control social informal sobre los individuos, fomentando así conductas delictivas.
Por otro lado, las teorías del control, particularmente la teoría del control social desarrollada por Travis Hirschi, argumentan que todos los individuos tienen potencial para actos delictivos, pero que son las relaciones sociales fuertes y estables las que evitan que las personas se desvíen hacia el crimen. Hirschi sugiere que cuando los vínculos con la sociedad son débiles o inexistentes, las personas son más propensas a involucrarse en actividades delictivas. Estos vínculos se definen a través de cuatro elementos principales: apego, compromiso, involucramiento y creencias. El apego se refiere a los lazos emocionales con otros; el compromiso implica el grado en que una persona se ha invertido en actividades convencionales; el involucramiento sugiere el tiempo dedicado a estas actividades; y las creencias se relacionan con la aceptación de las normas sociales.
La teoría de la asociación diferencial, desarrollada por Edwin Sutherland, se centra en la idea de que la delincuencia es un comportamiento aprendido. Según esta teoría, las personas aprenden conductas delictivas a través de la interacción con otros. Este aprendizaje implica no solo técnicas para cometer el delito, sino también actitudes y motivaciones que lo justifican. La frecuencia, duración, prioridad e intensidad de las asociaciones con individuos criminales determinan la probabilidad de que una persona participe en actividades delictivas.
Al examinar estas teorías en conjunto, encontramos puntos de contacto y diferencias significativas. Por un lado, la teoría de la desorganización social y la teoría del control comparten el interés por el contexto social como determinante del comportamiento delictivo. Ambas reconocen la importancia de la cohesión social y de la existencia de un sistema de normas y valores que refuerce comportamientos conformes a la ley. Sin embargo, difieren en su enfoque: mientras que la desorganización social pone el énfasis en las comunidades como entes colectivas, las teorías del control se centran en el nivel individual y las relaciones interpersonales específicas.
Mientras tanto, la teoría de la asociación diferencial también enfatiza el entorno social, pero ofrece un análisis más detallado del proceso por el cual se aprende a delinquir. A diferencia de la teoría del control, que se centra en por qué los individuos no cometen delitos, la asociación diferencial explica cómo los valores y comportamientos delictivos son socialmente transmitidos. Además, la asociación diferencial es más proactiva en términos de entender no solo la ocurrencia, sino también la perpetuación de comportamientos delictivos en determinadas subculturas.
En conjunto, estas teorías ofrecen un marco más completo para entender la delincuencia cuando se consideran conjuntamente. La comprensión de la criminalidad se enriquece reconociendo la multiplicidad de factores involucrados, desde la estructura de los barrios hasta las relaciones interpersonales y los procesos de aprendizaje social. Integrar estos enfoques permite una apreciación más matizada de cómo contextos desorganizados pueden estimular el comportamiento delictivo, cómo los individuos se sienten motivados o inhibidos por sus vínculos y cómo las asociaciones con otras personas influyen decisivamente en la adopción de conductas delictivas.
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